Brochetas
Cecilia Eudave
Mi madre nunca fue buena cocinera. Todo se le quemaba, todo. Literalmente vivimos de las buenas intenciones de su desarmado amor, porque nunca pudo erguirlo, por lo menos en dirección nuestra. Y en esa necesidad idiota de demostrarle al mundo que nos quería, como una cosa natural, nos sentó a la mesa a mí, a mis hermanos, y nos sirvió para desayunar (ya les dije que no tenía ninguna noción en la cocina) su corazón en brochetas, que nos tragamos a la fuerza y a todos nos hizo repetir su mal.
* Derechos de autor del autor. Publicado en Ficticia con permiso del autor, el: 28/Sep/10