EL DIFERENTE
Carlos de Bella
Y el Señor los reunió y les dijo:
-Id a la Tierra y ayudad allí a las iglesias mas necesitadas en el trabajo que les encarguen. Sois jóvenes, fuertes e inteligentes, podréis hacer todo cuanto os pidan y ello será hecho en mi nombre.
Entonces sonaron las trompetas y un mil quinientos quince ángeles partieron del cielo hacia sus destinos terrenales, sonriendo y deseándose suerte unos a otros.
El protagonista de esta historia se dirigió hacia la iglesia de Montserrat en una ciudad del sur llamada Nuestra Señora de los Buenos Aires, o algo así.
Cuando llegó a sus puertas el ángel plegó sus alas, cambiando túnicas por ropas terrestres que le habían proveído.
El templo estaba vacío. Se sentó en uno de los bancos finales de frente al altar y miraba todo como si recién lo viera. Y así era.
¿Dónde estaban los fieles? ¿Y los padres responsables de la Iglesia? Todas preguntas sin respuestas.
-¿Qué hacéis aquí, hijo mío?
La voz le despertó. Un cura bajito, calvo y regordete con mofletes rojizos le miraba.
-Solo descansaba, el viaje fue largo. Estoy aquí para ayudarle en el trabajo que Ud. me pida.
-Yo no puedo emplearte y solo podré ofrecer un plato de sopa en el mediodía, la limosna esta escasa -suspiró el cura.
-Estará bien ¿pero que trabajo desea que realice?
-Aquí ninguno, ninguno -acentuó como temeroso o fastidiado.
-Bien, no se preocupe. Me sentaré a la puerta de la iglesia y desde allí veré como ayudar.
-Sí, sí -dijo alejándose rápidamente el cura.
Y así había comenzado todo en el día primero.El segundo día ayudó a una anciana a subir las escaleras, ésta recién aceptó al mirarle a los ojos pues su primer reacción fue de rechazo.
La mayoría de los fieles eran mujeres, él les sonreía, algunas rehuían la mirada, otras apretaban más firmemente la cartera y unas pocas le saludaban.
Por la tarde, cuando nadie podía verle, sopló el polvo de los bajorrelieves, quitó telarañas y ahuyentó murciélagos.
Al tercer día comenzó a pedir de los transeúntes ayuda para la iglesia.
-Alguna moneda para ayudar por favor.
Escasos fueron los frutos y los colocó en la caja de la limosna que a tal fin había en el templo.Al cuarto día hubo sol y se sentó a solo dos escalones de la acera. Pasaba mucha gente presurosa, alguna le miraba, otras nada.
Entonces ocurrió lo que estaba escrito que debía ocurrir.
Un señor muy elegante al pasar delante de él le guiñó un ojo. Como aún no conocía todas las costumbres de los humanos el ángel hizo lo mismo.
Entonces el señor, sorprendido y agradado, volvió sobre sus pasos y se sentó a su lado.
-Hola bebé ¿cómo te llamas?
-¿Cómo me llamo?
-¿Cuál es tu nombre?
-Mi nombre... Ángel, me llamo Ángel.
-Que apropiado. Con esa cara, esos ojos, esos... músculos, humm... el mío es Luis ¿Qué estás haciendo?-Ayudo a la iglesia, porque no puedo tener otro trabajo.
-¡Ah!... sin embargo creo que podrías trabajar en muchas cosas, ser modelo, actor, en fin... tienes... muchos atributos -dijo Luis, mientras sus ojos le recorrían ansiosamente.
-Sí, puedo hacer cualquier cosa.
-Mira, ven a verme esta noche a esta dirección, allí podré ofrecerte algún... trabajo -dijo entregando una tarjeta y volviendo a guiñar sus ojos.
-Claro, esta noche iré.Un cartel de neón rojo aunque discreto anunciaba: "ARGOS-Disco Púb."
-Es muy temprano che, abrimos a la una -dijo un mastodonte que impedía el paso escaleras abajo.
-Luis me dijo que venga.
-Ah, vos sos el nuevo... buena mercadería, pasá, pasá.
Todo era rojo o negro, las luces iluminaban sin hacerlo y un escenario circular concitaba toda la atención, sobre el mismo varios jóvenes hacían pasos de baile, se contoneaban y movían al ritmo de la música.
-Un poco más de sexo, chiquito, que esto no es un monasterio, a ver, ... -decía Luis, sentado a la primer mesa. En ese momento se percató de su presencia.
-¡Ángel! Que bien que viniste bebé. Siéntate aquí a mi lado -al tiempo que urgía- ¡Che un poco más de gracia con ese culo! a ver, a ver...
Arriba seguía el ritmo y Luis corregía, opinaba, reía. Los jóvenes eran cinco, de torso desnudo y shorts ajustados. Lo miraron con interés, él les sonrió. Al rato se fueron por el fondo del escenario.
-Bueno, viste lo que hacen los chicos. El trabajo que te puedo ofrecer es este ¿Te animás?
-Sí claro - dijo el ángel, sin saber bien que contestaba.-Hoy quedate a ver el show y mañana empezás. Pero antes me gustaría verte un poco... en bolas, para ver como lucís.
-¿Qué hago?-Subí al escenario y sacate un poco de ropa, solo eso.
-Bueno -y allí, bajo la luz, comenzó a desbrocharse la camisa mostrando músculos jóvenes y un vello angelical casi blanco.
-¡Guaaaaaau!... llego justo -se escuchó una voz que bajaba por las escaleras.
-¡Ah! vení ¿qué te parece para el número?
-Perfecto, me parece perfecto... para lo que sea. Hola, soy Lulú.Y entonces esa noche, Ángel se quedó a ver el show donde los cinco jóvenes, de a uno por vez y ahora vestidos, uno de explorador, otro de militar, aquél de encapuchado repetían los pasos y movimientos del ensayo, con la particularidad que paulatinamente iban perdiendo, o mejor dicho, despojándose de sus ropas hasta que solo quedaban en minúsculo slip, el cual tardaban muchísimo más en quitarse, pese a los pedidos frenéticos de la concurrencia. Cuando llegaba ese momento, en un abrir y cerrar de ojos, se cubrían la entrepierna con un casco, sombrero u otro adminículo y desaparecían en un apagón de luces. Allí tronaban los aplausos. Entre joven y joven aparecía Lulú enfundada en un vestido rojo cantando algunas cosas entre graciosas y soeces que la gente festejaba ruidosamente.
Y fue la noche del quinto día. La sala estaba en penumbras y en ella se afanaba una mujer que hacía una mala limpieza de mesas, sillas y piso.
En el borde del escenario estaba sentado Ángel, a su lado unas ropas blancas prolijamente dobladas y unas sandalias.La mujer desapareció llevando sus bártulos dentro de un balde. Por la escalera bajaba Lulú.
-¡Porque mierda no prenden las luces! Me voy a quebrar un tobillo.
Se sentó a una mesa y prendió un cigarrillo.
-Has llegado temprano como yo.
-¡Muñeco! No te había visto. Siempre llego temprano, me lleva un buen tiempo producirme, jajajajajaja... ¿vos empezás hoy?
-Sí.
-¿Y de que te vas a disfrazar?
-¿Disfrazar?
-Bueno, vestir ¿con que ropa vas a hacer el número?
-Ah, con esta. Voy a vestir ropa de ángel.
-¡Chiquito que ingenioso! nunca se ha visto ¿Ya hiciste ese número antes?
-No
-¡Vaya, todo un estreno! ¿Y te sacas mucha ropa?
-Siete túnicas.
-Aja y... debajo que tenés.
-Nada.
-Guuuuau. Va a ser un escándalo.
-No, no. Creo que no.
-Vení, que te muestro el camarín para que te cambies.Y tal lo dicho y que además también estaba escrito, no fue un escándalo sino un suceso glamoroso.
Aplaudieron a rabiar, primero el público, Lulú, Luis y los jóvenes que compartían el show. A medida que fueron cayendo las túnicas el clima fue subiendo de tono así como los gritos de los espectadores, antes de deslizar desde su cintura la última túnica, Ángel desplegó las alas, eso produjo el paroxismo, finalmente la dejó caer y mimando aquello que veía hacer a sus compañeros, con ambas alas cubrió su entrepierna. Allí se apagaron las luces y estallaron los aplausos.
Pasados los segundos de besos, abrazos y gritos, Ángel ya nuevamente vestido dijo: -Bueno, me debo ir, hasta mañana.
-¡Ni se te ocurra faltar! después de esto va ha haber un lleno total. ¿Cómo carajo hará lo de las alas? -preguntó Luis.
-Será un transplante ¿no, bebé?
Pero la pregunta de Lulú quedó sin respuesta pues Ángel ya había subido las escaleras.
Y llegó y pasó el sexto día y también el séptimo y en ninguno de estos descansó pues eran sábado y domingo y había que hacer el show.
Sí pudo hacerlo en los posteriores pues el local volvía a abrir sus puertas el próximo jueves. En realidad regresó a su rutina de las escaleras de la iglesia, algunos feligreses ya le saludaban, esto era todo un avance.
El que también había cambiado de humor era el cura regordete y junto con el consabido plato de sopa había ofrecido un vaso de vino; la modificación se había producido debido a un puñado de billetes no habitual en la caja de la limosna. Jamás se enteraría quien los introdujo y el origen de los mismos.
Y aquí comienza el último capitulo de la historia que también estaba escrito.
Esa mañana estaba nublada. Ángel se sentó a su atalaya habitual mirando los transeúntes y entonces llegó Lulú
-Bebé, querido ¡Aquí estoy yo! ¿te sorprende?-No, me alegra verte.
En ese momento como si se hubiera abierto un postigo, las nubes se corrieron levemente y una luz que no era la del sol ilumino la escena. Si Ángel y Lulú hubieran elevado los ojos hubieran visto al Señor mirando atentamente a ambos. Pero ello no ocurrió.
-He venido a avisarte que cuando mañana hagas el show, te van a hacer una broma...
-¿Una broma?
-Sí, cuando termines, no van a apagar la luz.
-¿Y eso para que?
-Pues para que te quedes desnudo delante de todos. Para verte en bolas. Pues dicen que jamás pueden hacerlo pues te vistes tan rápidamente. Yo creo que hay un poco de envidia por parte de los muchachos. Sos el favorito del publico.
-Y yo desnudo... ¿qué tendría de interés para mostrar?
-¡Bebé...! ¡eh! De que tamaño es... bueno eso.
-¿Tamaño?
-Si chiquito, lo que tenes entre las piernas... Pene, sexo, llamalo como quieras.
-¿Sexo? Si bien es sabido que los ángeles no tenemos sexo.
-¡Ay, me estas jodiendo, que no tenes...! ¡Te operaste! ¡Que envidia! El primer stripper transexual. Cuando se entere Luis, se va a morir. Pero yo no se lo voy a contar, jajajajajaja... Me voy te veré mañana.
Así Lulú se fue calle abajo y aun se escuchaba su risa.En ese momento Ángel elevo su vista hacia el cielo y entonces escuchó la voz del Señor.
-Hijo, mañana será tu ultimo trabajo allí. En el mismo momento en que dejes caer la ultima túnica, sobre ti lloverá polvo de estrellas y volverás a casa.
-Mi señor, ya estaba haciendo esto con mucho gusto.
-Lo sé. Es suficiente.
Y todo ocurrió así como estaba escrito, pero hubo una pequeña alteración.
Cuando las luces quedaron prendidas no hubo lluvia de estrellas ni ninguna otra;
Ángel con su mejor sonrisa, plegó primero el ala derecha con la que cubría su trasero y luego, muy lentamente, la izquierda descubriendo su entrepierna y en ese momento el publico, Lulú, Luis, los muchachos e incluso... Ángel, vieron con sorpresa que desde ese lugar oculto y entre breves plumillas blancas crecía un miembro masculino nunca antes imaginado.
Entonces, por un solo minuto, se apagaron las luces no solo allí sino en toda la Tierra, al tiempo que el Altísimo sonreía complacido y uno de los mil quinientos quince ángeles regresaba a casa.
* Derechos de autor del autor. Publicado en Ficticia con permiso del autor, el: 06/11/01