YA SOMOS MUCHOS EN ESTE ZOOLÓGICO
Para Arturo Olvera
Emiliano Pérez Cruz
-Ese cabrón no escarmienta -señaló Hermano Burris hacia la bocacalle. Acodado sobre el mostrador, insistió y los clientes vieron a Mapache cruzar la calle una y otra vez, vestido con uniforme de futbol y maleta deportiva a la espalda.
-Un día, o se ahoga en cualquier charco o en su propia basca -dijo Pelón Águila.
-No te creas: para los años que lleva en la briaga, se sabe cuidar... Míralo, nomás se va de una banqueta a otra, parece papalote coleando -agregó Tío Ñandú.Chanate, hermano mayor del Panda -emboscado en un zaguán, en cuclillas-, también lo vio pero no detuvo las profundas inhalaciones a su estopa.
Los perros, enardecidos, no daban reposo, pero Mapache -a las diez de la noche de ese domingo- arribó por fin a su destino: el expendio de cerveza. Se aferró a uno de los postes que sostenían el tejabán; el agua de lluvia le escurría por el rostro.
-¡Utos perros, me querían tragar, Hermano Burris...! Pero ¡mocos! Sus patadas... Uno se acercaba y ¡cernia! Utos perros... Como me ven, me tratan, pero ¡mocos, mocos y mocos, me cae! Dame una cerveza para el mal sabor de boca... bien fría -balbuceó Mapache.
-¡Ni una más! -gritó desde la trastienda Alondra, la esposa del Hermano Burris-. Hasta que no pague lo que debe.
-Chale-chale... Si por eso fundé El Barzón de Chupamaros -refunfuñó Mapache.
-Ya debería dejar el trago: la Marta ya va a ser abuela y usté, malgastando su dinero, sigue en el agua, ¿pus qué gana con eso? -dijo don Leoncio y echó el sombrero de palma hacia atrás para dar un sorbo a su cerveza.
-Niguas... Hasta que ella me haga caso...
-¡Quítate el uniforme, denigras al equipo de la colonia! -embromó Tío Ñandú. Don Leoncio hizo segunda:
-Deveras, Mapache: anda y duérmete, ya estás como querías.Sobre el tejabán, el tamborileo de las gotas de lluvia se incrementó. En la calle, ni un alma. Tras las rejas del expendio, Hermano Burris se atusó los enormes bigotes. Mapache soltó la maleta con el escudo de los Pumas y se repantingó sobre el tronco de árbol que servía de asiento a los consumidores.
Bajo la marquesina del zaguán, Chanate inhalaba; de cuando en cuando extraía de su chamarra una charrasca de acero y la frotaba contra la banqueta.
-¿A poco todavía juegas fut, mi Mapas? A tus cincuenta, todavía aguantas, aunque sea echando porras, abrazando postes y deteniendo paredes tan briagas como tú -pinchó Pelón Águila.
-Juego y chupo... hasta que Martita me haga caso... Ya se cansará de ser madre soltera... O abuela soltera... Porque a la Ave, después de su fiesta de quince años... empezó a crecerle la panza... A mí me dijo Martita: fue el Panda... Lo busqué al chamaco y ¡mocos, pum-pum-pum, mocos, culero! Pa’ qué se ponchó a la Ave.Tío Ñandú, contrito, le soltó:
-Lo mandaste al hospital con los güevos reventados.
-Eso no está bien, Mapache, digo yo -agregó Águila y puso el envase sobre el mostrador-: deme otra, para ir a dormir sabroso.
-Querías hacer méritos, Mapache, pero te pasaste: dicen que mañana capan al Osito Panda -le agregó al chisme don Leoncio.
-Está bien... Ya somos muchos en este zoológico... Con un garañón menos, nos tocan viejas de a más -balbuceó Mapas. La cabeza se le iba de un lado a otro, sin control-. Oiga, Alondra... Apúnteme en el hielo la última chela... Hazme la balona con tu domadora, Hermano Burris... La última y ya me duermo... Es más... aquí me duermo... ya no le caigo al cantón.
-La última, que conste; para todos, porque hoy toca operativo policiaco; si pasa la ley orita, me multan y ustedes calientan concreto; ya vamos a cerrar.Cada quien apuró sus cervezas y se despidió. Mapache ni siquiera probó la suya. Clavó la barbilla sobre el pecho y en segundos sus ronquidos poblaron la solitaria calle.
El hermano Burris cerró el establecimiento y con Alondra del brazo enfilaron rumbo a su casa.
-Siquiera le hubieras quitado el envase, lo va a romper -dijo ella, pero no obtuvo respuesta.Chanate se incorporó, inhaló profundamente de su estopa y caminó hasta el tejabán; recogió el envase, intacto el líquido. Mapache roncaba. Del sueño pasó al desmayo.
-¿Oíste? -dijo Alondra.
-Bah, tres varos menos de ganancia por una botella rota -respondió Hermano Burris y añadió-: apúrale o nos empapamos.Chanate limpió con la estopa su charrasca de acero e inhaló, inhaló, inhaló.
Desde la bragueta de Mapache escurrió sangre, comenzó a gotear sobre la banqueta. Aún con la estopa sujeta a la nariz, Chanate exhaló y se fue, trastasbillante.
-Con dos garañones menos, nos tocan de a más rucas, ¿no mi Mapas? -dijo y apuró el paso.
* Derechos de autor del autor. Publicado en Ficticia con permiso del autor, el: 10/05/00