EDITORIAL DE SEPTIEMBRE DEL 2000
La editorial Alfaguara acaba de publicar el libro relatos vertiginosos, Antología de cuentos mínimos, cuya selección y prólogo es de Lauro Zavala y en la que aparecen cinco autores de Ficticia: José de la Colina, Adolfo Castañon, Eusebio Ruvalcaba, Mónica Lavín y Marcial Fernández. También ahí, a modo de introducción, Oscar de la Borbolla escribe una Minibiografía del minicuento en donde señala que la invención de este género se encuentra en las lápidas de los cementerios, es decir, en los escuetos epitafios.
El argumento de De la Borbolla es contundente. "La vida puede tener mucha paja, en cambio la literatura es por fuerza sintética", dice. "Ahora sé que el resumen se logra mediante la elipsis, que para cargar de asunto las palabras es necesario suprimir esa necia y sosa infinidad de detalles que sobran, y sé que el minicuento es el fruto de la máxima elipsis. Esto lo aprendí no en los libros, sino en los cementerios, pues la muerte es la elipsis por antonomasia, la que suprime en serio, y por ello suelen ser tan serios y tan elípticos los epitafios" (p.23).
Sabedor de estos y otros secretos, desde hace más de una década Miguel Ángel Merodio se ha dedicado a recorrer una varia geografía de tumbas, libros y conversaciones en busca de estas mariposas de la muerte que, en su vuelo literario, intentan encontrar la inmortalidad de quien yace bajo la inscripción.
Así Merodio, de quien se dice que ha caído en las más terribles manías por ignorar la advertencia romana que señala que "leer epitafios causa locura", en un afán de cura decidió donar parte de su colección mortuoria al Cementerio de Ficticia, pues cree que, si su mal deja de ser individual para convertirse en colectivo, la balanza de la normalidad se inclinará hacia el nuevo gremio de dementes.
Más de novecientos epitafios existen en el acervo Merodio; en Ficticia, para dosificar la locura que estas inscripciones puedan esconder, y también porque nuestro Hospital se encuentra a tope, el Cónclave optó por consolidar el urbanismo que ha caracterizado a la Ciudad de manera que, igual que las diferentes tómbolas diarias de minificciones, en el Índice de Cuentos del Cementerio se publicará un epitafio por día que desaparecerá al caer la noche para ser sustituido por otro epitafio.
Pero no todo septiembre tiene que ver con la muerte; en nuestro Bar, Hospital, Metrópoli, Estadio, Iglesia, Zona Espacial y Cárcel también hay actividad originada por cuatro Autores que se suman al Concilio y a la Antología, Nicolás Melini, Armando Ortiz, Gonzalo Soltero y Guillermo Vega Zaragoza, y por cinco ficticianos ilustres: Alberto Ruy Sánchez, Manuel Ruelas, Óscar Sipán Sanz, Marcos Leija y Juan Manuel González.
Además, en el Sueño de la Razón ya se puede leer lo que sobre Ficticia escribió Angélica Aguilera en el Boletín Editorial del IPN y la divulgación que en distintos medios han hecho de nuestra comunidad tanto Jaime Mesa como Ricardo Martínez Cantú.
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