Marina

Taller de minificciones

Los habitantes de Ficticia somos realistas.
Aceptamos en principio que la liebre es un gato

J. J. Arreola


Ganadores de la regata

VECINOS

Nada más llegar, la primera noche, ella pasó a pedirme una vela.

-Nuestro piso está a oscuras -explicó.

Al día siguiente preguntó si podía dejarle un poco de sal, después aceite. Azúcar, especias, aspirinas y chinchetas faltaban también en aquella casa de carencias insospechables.

Una tarde, ella llamó con fuerza al timbre. Yo salí enojado y antes de que pudiera decir nada, sus labios rozaron los míos y me empujaban hacia mi cuarto. Sobre el lecho en penumbra nos amamos algunas tardes.

Anteanoche hubo una tormenta y la luz se apagó en el edificio. Escuché fuertes voces y algunos golpes en el piso de al lado. Creo que ella lloraba. Después esos golpes llegaron a mi puerta.

Abrí, y ante mí estaba él, su esposo.

-¿Tienes una vela? -preguntó.

Antes de dirigirme a buscarla, me pidió sal y luego aceite.

Yo conocía esa secuencia...

Berta Sileno


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La marina ha sido renovada