El estigma de la subversión

Keta Kones
16 de Mayo de 2005 a las 04:14

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 El estigma de la subversión

La homofobia es característica esencial en la construcción del ser mexicano, siempre ufano de su virilidad. Distorsión de la realidad con base en prejuicios y miedos, el homófobo ve en el reconocimiento de derechos básicos una provocación, una amenaza que debe combatirse con discriminación, rechazo, acoso moral, desprecio, burla: prácticas que invisibilizan, aumentan los riesgos a la salud e, incluso, favorecen los crímenes de odio

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En México el discurso homofóbico se lleva en la piel, es institución que da tributo al ser mexicano, por lo menos lo que el estereotipo indica debe ser el mexicano. Si la unanimidad no es lograda en casi ningún aspecto, el rechazo al que “traiciona la virilidad” recoge buena parte de las coincidencias: según una encuesta sobre tolerancia elaborada por el IFE en 2001, 66 por ciento de los mexicanos no aceptaría nunca compartir el mismo techo con un homosexual. Se trata de homofobia, “aversión obsesiva hacia las personas homosexuales”.

La preferencia sexual se materializa en estigma a través de la percepción de la diferencia por parte de los otros. Si el ejercicio sexual, pese a los afanes represivos, sigue siendo un territorio libre por privado, a resguardo del “qué dirán”, la apariencia y el comportamiento distinto del estereotipo de género delatan y se vuelven pruebas agravantes para la condena moral. La falta más grave no es tanto la existencia del deseo homosexual, como la transgresión a eso que hace a las mujeres “femeninas” y a los hombres “viriles”.

El secreto derivado de la segregación y la condena, cuando no de la violencia física, favorece las prácticas sexuales de riesgo, porque las vuelve culposas, clandestinas, anónimas y fugaces. En México, de los casos masculinos de infección por VIH, las estadísticas señalan que cerca de las dos terceras partes (67.5 por ciento) corresponden a hombres con prácticas homosexuales, aunque un grupo de especialistas considera que existe un subregistro, que de corregirse arrojaría que 81 por ciento de los casos de VIH/sida en México afecta a hombres que han tenido prácticas sexuales con otros hombres.

El maricón y la marimacha
El origen de la homofobia puede rastrearse desde la infancia, como se han encargado de documentar las terapeutas Elena Laguarda, Regina Novelo y María Fernanda Laguarda, del Grupo Interdisciplinario Atención Integral, para el estudio “Códigos de violencia de género y su impacto en la construcción de la identidad heterosexual”. Su trabajo con grupos de niños y niñas de preescolar y primaria ha revelado que en los varones hay “un miedo tremendo a ser equiparados con las niñas”, lo que propicia que se establezca un código de violencia de género, en el que los insultos (marica, maricón, niñita, joto, llorona, bebé, gallina, coyón, entre los más comunes) cuestionan la masculinidad de los niños.

Esta homofobia en germen se centra en las apariencias más que en las posibilidades de desarrollar determinada orientación sexual. “De cada 10 niños que son molestados y atacados, sólo uno podría llegar a ser gay”, asegura Novelo y añade: “Siempre habrá alguna época de la vida en que a algún varón se le haya calificado de ‘marica’, lo que hace crecer una homofobia interiorizada, que reproduce los ataques homofóbicos como una manera de demostrar que no se es homosexual”.

No discriminación: cultura incipiente
Ante la realidad de la discriminación por homofobia, la legislación mexicana opuso el silencio a lo largo del siglo XX. Es hasta 1999 cuando el Distrito Federal se convierte en la primera entidad del país en considerarla como delito en el Código Penal: el artículo 206 castiga todo tipo de discriminación, preferencias sexuales incluidas. En 2001 se agregó un tercer párrafo al Artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que prohíbe la discriminación, pero incluso a la hora de reconocer ese derecho básico se antepuso el prejuicio homófobo del senador Diego Fernández de Cevallos, quien impidió que en el texto constitucional apareciera el término “preferencias sexuales”. “No puedo aceptar que (lo) incorporemos aquí, como precepto constitucional (...) por parte de Acción Nacional es intocable este asunto”, señaló a los medios luego de la discusión en el Senado.

Con todo, la reforma constitucional dio sustento a la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, promulgada el 11 de junio de 2003, la cual ya considera con todas sus letras a la “preferencia sexual” como uno de los muchos motivos de discriminación sancionados.

La violencia límite
De acuerdo con el reporte preliminar de la Comisión Ciudadana Contra Crímenes de Odio por Homofobia, de 1995 a 2003 se registraron 290 asesinatos contra homosexuales (275 hombres y 15 mujeres). Considerando el subregistro, que sería de al menos tres casos más por cada uno documentado, la cifra se eleva a 876 asesinatos. La característica esencial en estas ejecuciones es la saña con la que se perpetran, la mayoría con arma blanca: violencia extrema que va más allá de la muerte, que se regodea en la tortura y la mutilación como una manera de castigar al diferente.
Estos datos influyeron para que en su informe final la relatora especial de Naciones Unidas sobre ejecuciones extrajudiciales, Asma Jahangir, sugiera al gobierno mexicano adoptar “políticas y programas encaminados a superar el odio y los prejuicios contra los homosexuales y a sensibilizar a las autoridades y al público en general ante los delitos y actos de violencia dirigidos a miembros de las minorías sexuales”. Pese a estas recomendaciones y al elevado número de ejecuciones, las autoridades policiacas y judiciales no aceptan el término de “crímenes de odio” y suelen calificarlos como “pasionales” o “típicos de homosexuales”.

Una campaña difícil contra el odio
En febrero pasado, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y la Secretaría de Salud federal informaron que se realizaría una campaña nacional contra la homofobia. La noticia levantó protestas por parte de grupos de ultraderecha que, una vez más, sólo dieron mayor difusión a los spots de la campaña radiofónica.

Pese a la presión de la Iglesia Católica, la campaña sumó apoyos de las organizaciones civiles, de la Organización Panamericana de la Salud y del Programa de las Naciones Unidas sobre Sida. Los ataques de los grupos de ultraderecha no se pueden minimizar, ya que tienen repercusión en sectores de la población, como lo ejemplifica la carta de un lector: “Para la mayor parte de la gente normal no se trata de discriminarlos ni de que se les prive de sus derechos como seres humanos, sino que sentimos repulsión hacia ellos por razones legítimas: temor de adquirir ese vicio; ruptura de la institución familiar, pues no pueden concebir; peligro social, ya que andan a la caza de niños y jóvenes a quienes corromper; amenaza de salud pública, por propagar el sida, y están expresamente prohibidos por Dios” (de Miguel Ángel Peralta a “Voz del lector” de El Universal, 12 de marzo de 2005).

Los argumentos de la homofobia se presentan ahora con otro ropaje, tratan de diferenciar mañosamente entre la persona y sus “prácticas sexuales desviadas”: como personas merecen respeto, afirman, siempre y cuando no incurran en sus “abominables prácticas”. Por eso, son tan necesarias las campañas de sensibilización que promuevan no determinadas prácticas sexuales, como apuntan los opositores a la campaña, sino el respeto a la libre opción sexual. Primer paso institucional para revertir los siglos de historia mexicana de odio por homofobia. (Fernando Mino)

La homofobia en números

66 % no compartiría techo con una persona homosexual (1)

71 % de los jóvenes no apoyaría los derechos de los homosexuales (2)

18 % de las y los homosexuales sufrió burlas y humillaciones durante su adolescencia. (3)

6 % sufrió violencia física (3)

21 % no ha sido contratado en un trabajo por ser homosexual (3)

30 % ha sido acosado por la policía por ser homosexual (3)

18 quejas presentadas, en un año, ante la CDHDF por agravios a personas con preferencias sexuales distintas de la heterosexual (4)

290 asesinatos de homosexuales se han registrado entre 1995 a 2003: 275 varones y 15 mujeres (5)

876 ejecuciones por homofobia en 9 años, pues por cada caso reportado existen 3 casos más que no se registran. 97 ejecuciones al año,
8 cada mes (5)

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1 Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas, 2001. Segob/IFE
2 Encuesta Nacional de la Juventud, 2000. Instituto Mexicano de la Juventud/SEP
3 “La relación entre opresión y enfermedad en lesbianas, bisexuales
y homosexuales”, 2001. UAM-X
4 Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal
5 Informe preliminar de la Comisión Ciudadana Contra Crímenes
de Odio por Homofobia, 2003. A partir de un seguimiento hemerográfico de 15 medios en 7 entidades del país
De: La Jornada, con Amor Keta Kones Tan Altos

Keta Kones

 


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