GERARDO DIEGO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Francisco Arias Solis
17 de Septiembre de 2003 a las 13:09

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 GERARDO DIEGO (1896-1987)

“Manuel de Falla me lleva a la Alhambra.

-Que le enseñen Granada los amigos .

Pero a la Alhambra le acompaño yo-.”
Gerardo Diego.

LA VOZ QUE BROTA DEL CORAZON

Gerardo Diego es el poeta. El hombre que ha entrevistado el misterio y que un día hizo esta afirmación .”¿Quién que es no es social?” Y más sincera no puede ser en Diego si se tiene en cuenta que este fanático de la poesía no tiene un solo verso insincero.

De entre los autores del 27, Gerardo Diego es, sin duda, uno de los más difíciles de situar en una estética o línea creativa más o menos uniforme. Su obra se caracteriza por una pluralidad de maneras voluntaria y querida por el poeta. Diego, como Lope es muchos Diegos. Quizá por ello su obra repartida entre la “Bodega y la Azotea” de su unitario laboratorio poético se somete a varios impulsos creadores y férulas expresivas.

Gerardo Diego nace en Santander el 3 de octubre de 1896. Estudia Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto y posteriormente en la de Salamanca y Madrid, donde hace el doctorado. En 1920 obtuvo la cátedra de Lengua y Literatura en el Instituto de Soria, y sucesivamente enseñó la misma asignatura en los Institutos de Gijón, Santander y Madrid. En diciembre de 1921 conoce personalmente a Vicente Huidobro, iniciándose una fructífera amistad personal y estética. En1925 -ex aequo con Alberti- obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Fue uno de los más activos organizadores del Homenaje a Góngora que celebró la generación en 1927, con motivo del centenario del gran poeta cordobés. En diciembre de ese año lanza la revista Carmen, desde Gijón. Participó, con Juan Larrea y Huidobro, en el movimiento creacionista. En 1931 se adhiere a la Agrupación al Servicio de la República, creada por Ortega, Marañón y Pérez de Ayala. En julio de 1934 se casa con Germaine Marin en Toulouse. En 1947 es elegido miembro de número de la Real Academia Española. En 1979 -ex aequo con Borges- obtuvo el premio Cervantes. Tras dejar lista para la imprenta su esperada poesía completa, Gerardo Diego muere el 8 de julio de 1987 en su casa madrileña de Covarrubias, cesando para siempre el incansable pestañeo del poeta niño asombrado por el mundo.

Su biografía personal y poética resulta ejemplar. Es, por ejemplo, uno de los más claros exponentes del poeta-profesor, y, paralelamente a Alberti (poeta-pintor), el poeta-músico del 27. La apelación a la música es una auténtica nota distintiva de su quehacer poético y de sus concepciones líricas: “Y un asirse y plegarse / a la música hermana / para bien orientarse / en la libre mañana”.

Sin embargo, Diego, como Aleixandre y Dámaso, no se marchó al exilio, exagerándose las razones políticas y minimizándose las personales e íntimas. Así, se trajeron y llevaron ciertas concesiones al Régimen constituido tras la guerra y no se recordó su adhesión liberal en los primeros años treinta a la asociación de intelectuales que fomentó el advenimiento de la República o no se valoraron sus profundos sentimientos religiosos difícilmente conciliables con la barbarie de la guerra.

A lo largo de más de sesenta años de creación, Gerardo Diego ha elaborado una obra extensa y multiforme: El romancero de la novia, Imagen, Soria, Manual de espumas, Versos humanos, Equis y Zeda, Angeles de Compostela, Limbo, Biografía incompleta, Paisaje con figuras, Egloga de Antonio Bienvenida, Amor solo, Mi Santander, mi cuna, mi palabra, Odas morales, La fundación del querer, Cementerio Civil, Poesía de creación... “Lo primero que llama la atención en la poesía de Gerardo Diego a quien la considera en su conjunto -decía Dámaso Alonso- es su variación, sus variaciones”.

La primera “manera” de Gerardo Diego revela una influencia bien asimilada de Juan Ramón Jiménez. La poesía de El romancero de la novia es una poesía sencilla y sentimental, con cierto intimismo becqueriano. Diego inicia pronto su aventura vanguardista. Muy tempranos son sus contactos con el ultraísmo y sus colaboraciones en revistas como Grecia, Cervantes y Alfar. Su experiencia parisina de 1922, invitado por Huidobro, le permite asimismo, conocer de cerca el creacionismo. Fruto de todo ello son una serie de libros que, de Imagen (1922) a Cementerio civil (1972) trazan más de medio siglo de poesía de creación.

Realmente Gerardo Diego es un fanático. “Es un fanático de la causa -nos dijo Pedro Salinas-. La causa es la poesía. La muy antigua o la muy moderna, la de Soto de Rojas o la de Huidobro, la de Lope o la de Juan Larrea”. Por tanto, no es extraño que la obra poética de Diego ofrezca no pocas dificultades. Tampoco es fácil de orientarse en una lista que roza el medio centenar de títulos .

El bloque cuantitativamente más importante de la producción poética de Gerardo Diego se acoge a la categoría de lo que él llamaba poesía relativa, y que tal vez , podría llamarse poesía de expresión. Pero toda su poesía, lo mismo el verso tradicional, que el puro experimento lírico, brotan humanamente del corazón. Y como dijo el poeta: “No amigos míos. Vuelva la armonía / y el bienestar de los claveles. / Mi corazón amigos fue algún día / tierno galope de corceles”.

Francisco Arias Solis
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Francisco Arias Solis

 


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