Comentarios:Pornole
22 de Agosto de 2000 a las 10:02[ Comentarios ] [ Embarcadero de Agosto, 2000 ] [ Puerto Libre de Ficticia ]
CUENTO
¡Llegó octubre! Hermoso día para vivir y festejar. Lo hermoso se festeja, a pesar de nuestra condición terrenal. ¿Por qué ser pesimista en este bosque silencioso y animado? Este silencio que se vuelca como brisa de verano y me rasca la espalda como escupitajo deseado, suena.
No se trata del devaneo de las hojas, allá en las copas, sino de la juventud. Uno se siente joven otra vez, así tenga 16 años. ¡Llegó octubre! Yo, sentado en un cojín de hojarasca, recito cánticos aprendidos recién al ser imaginados. ¡Y los pajaritos me contestan! Y el verano, la primavera, el invierno, se mueven sobre mí como dioses. ¡Pensar que se van y vuelven, y que nunca han fallado en su labor, como verdaderos burócratas incorruptibles! Una utopía eterna, sólo perfecta este octubre azabache.
Lo de burócratas tiene un propósito: desde aquí, tras el árbol, veo la antigua oficina de telégrafos. O sea, la actual oficina de teléfonos. En ella suelen haber colas, pero este día no hay nadie: ni los perros se asoman a preguntar qué sucede, como si lo hace el viento en los corazones de las piedras mudas.
La juventud está en ellos, y la juventud es eterna porque muere. Me doy cuenta que es irónico como el hombre se preocupa tanto por descubrir y hacer algo con su vida ¡Han pasado 2000 años y aun no se dan cuentan que nunca perecerán!
Yo puedo morir, pero otro nacerá y continuará siendo humano, que es lo que interesa.
Este octubre de aire profundo, que excava en mis pulmones su frescor, me ha devuelto la gratitud. ¡Inocente y desprotegida, como ahora yo mismo! Y danzan los conejos en sus madrigueras, oigo el crepitar de su paso. ¡Salten, salten todos como salto yo! Podría morir ahora y morir contento.
A lo mejor puedo sentirme tan bien porque estoy solo. Cuando hay otra persona cerca, tengo temores y me corto los sesos tratando de contener la situación. El hombre es como una bomba: puede amarme o matarme en un segundo, y evitar cualquiera de esas cosas me vuelve loco de solo pensarlo. No siento en cambio eso por los conejitos blancos o las avecillas que se elevan a las estrellas, porque ellas no opinan sobre mí o me dicen “ven a mi casa a charlar” “¿qué te parece el octubre?” “¿sientes frío?”
Sea hombre o mujer. Sea niño o anciano, siempre es lo mismo. ¡Dios! Un conejillo se ha lanzado a mi pecho y se soba en mi cara ¡Qué suave! Lo beso y él me mira con sus ojos rojos.
¡Llegó octubre! Hermoso día para soñar y creer. Hermoso día para ser uno mismo, creo.
Pero, pensándolo bien, no soy nada, tanto como todo esto que se mueve entre mis dedos. El sol está gigantesco, retumba en este frágil paraíso, y, quieto en el azul, se esfuerza por quemarnos con un odio que parece amor. Pero ¿qué es esto?
El conejito ha regresado a su madriguera.Pornole
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