Comentarios:Juan Llamas
26 de Marzo de 2005 a las 01:34[ Comentarios ] [ Embarcadero de Marzo, 2005 ] [ Puerto Libre de Ficticia ]
Marcela pasa las tardes señalando desde la banca de concreto que adorna el parque, los pasitos rápidos y los tropiezos frecuentes de los infantes, intentando no envidiar a las madres que les gritan que se pongan quietos y que tengan cuidado.
Apenas puede sonreír cuando se acercan a preguntarle cómo sigue su bebé y aunque le cuesta trabajo, dice que está mejor. Con falsa presunción comenta que los médicos han dicho que con el tiempo y cuidados volverá a ser el de antes. Parece imposible, pero si ella lo dice, bien podría ser.
El niño permanece ausente, con los ojos y la boca muy abiertos mientras su madre lo sostiene y guía como a una tierna marioneta sobre su regazo.
La gente los mira con compasión. No es una actitud que provoque satisfacción, pero ya se ha ido acostumbrando, lo mismo a recibir miradas de curiosidad que recomendaciones de santos y curanderos. Ella ignora y a veces agradece, pero sobre todo calla la convicción de haber dejado atrás los meses en los que con oraciones, imploraba el cumplimiento un milagro.
Tiene la esperanza de que Armandito volverá caminar, pero no sabe qué más podrá hacer, pues a los especialistas les ha resultado difícil determinar qué porcentaje de las funciones cerebrales quedaron dañadas después del embate de la encefalitis viral.
Marcela solo sabe que aún no amanecía cuando el niño convulsionó y al volver en si, ya no era el mismo que una noche antes, con un poquito de fiebre, se había dormido, después de jugar con ella.
Once meses después, Marcela ha aprendido que si el pequeño grita, se desespera y llora, es por que no hay en su cuerpo músculos que obedezcan y le ayuden a expresar su verdadero sentir. Ha descubierto que la paciencia es un don que se desarrolla ante la adversidad, y espera que un día de estos, el nado con delfines, sus cuidados y el Teletón, le ayuden a vencer las fuerzas que mantienen en dolorosa rigidez a su retoño. Sentada ahí en el parque, contemplando los pasos de otros niños, piensa una y otra vez que quizá por imitación y por cansancio de permanecer sentado, su pequeño volverá a realizar los movimientos robados por un ser que nadie vio.Juan Llamas
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