Comentarios:Martín Rivas
29 de Marzo de 2005 a las 04:06[ Comentarios ] [ Embarcadero de Marzo, 2005 ] [ Puerto Libre de Ficticia ]
Al dios del vino, Toñito y nosotros sus amigos, vendimos nuestra alma nocturna, mientras nuestro doble diurno seguía su vida de estudio y responsabilidades, dentro de lo normal de un barrio de provincia y de los espejismos de un futuro que nos llamaba.
Ya en plena leyenda, Toñito rompía narices de tranquilos y perplejos ex-boxeadores que lo perseguían por las plazas. En los baños de los bailes públicos destruía y retorcía las llaves y tubos del agua que corría incontenible, inundando finalmente la pista de baile, si los improvisados y desesperados gásfiters no neutralizaban a tiempo el extraño diluvio.
Mordía las tortas en las rifas, sumergiendo su puntiagudo rostro en la dulce y blanca crema que debería haber disfrutado el ganador del primer premio.
La lola que llevaba en mano la torta gritaba su aguda sorpresa contemplando el rostro embadurnado de Toñito, que dejaba ver sus ojos pequeños, oscuros y vivaces llenos de fresca alegría, antes de trenzarse a empujones y puñetazos con los encargados del baile que reprobaban su gesto, su muchachada. Embates que terminaban al primer puñete que aterrizaba sobre su nariz, salpicando la crema de la torta con su sangre, que no le agradaba ver brotar desde su destacada y no griega nariz. Entonces Toñito alzaba, de inmediato, bandera blanca y decía: la pelea se acabó, mientras su amigo Caticho lo llevaba a los baños a lavar su rostro lleno de crema, sangre y rabia.
Ya recuperado y finalizado el baile, en la calle agredía a tirios y troyanos, en la esperanza de encontrar a su anónimo agresor y reprochaba, amargamente, a sus amigos la poca solidaridad en individuar al culpable del golpe a mansalva que salió desde algún lado, en la confusión general provocada por su ataque de rostro y torta a la crema.Martín Rivas
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