Comentarios:Madrobyo©
25 de Abril de 2007 a las 18:14[ Comentarios ] [ Embarcadero de Abril, 2007 ] [ Puerto Libre de Ficticia ]
Aquélla noche Sara lo tomó muy tiernamente de los sobacos, como en una imagen del levantamiento del cuerpo de Cristo y lo subió sobre su cama. Con mucha ternura puso sus pies en sus piernas y desató sus zapatos.
- Mi niño… ¿Cómo te hiciste eso?
Levanto sus dos piernas con sumo cuidado y lo recostó completamente sobre la cama. Recordó la figura del Señor Sepultado de los Milagros. Pensó en un cristal, un ataúd de cristal en el cual pudiera tenerlo como un adorno todos los días no le vendría mal.
- Mi niño… ¿Estabas tan ebrio?
Se hincó ante el cuerpo de él, de sus labios salían pequeñas palabras entrecortadas por el viento; se iba perdiendo el siseo con el murmullo leve de la calle. Sara trató de dar un poco de orden a la sensación de nausea y derrumbamiento. Buscó en el improvisado botiquín un poco de algodón, alcohol y algo para su dolor de cabeza. Volvió a ponerse de rodillas, esta vez sólo beso sus pies, recordando como todas las Cuaresmas visitaba la iglesia y besaba los pies de la estatua del Señor Milagroso del Sagrado Corazón.
- Mi niño… ¿Esas heridas, esa sangre?
Quitó suavemente su camisa, su pantalón. Quedó en calzoncillos sobre la cama, como si hubiese sido lanzado al mundo y olvidado para siempre. De los ojos de Sara cayeron lentamente algunas lágrimas, luego ocultó el rostro, como si se avergonzara ante el cadáver de Marcos.
- Mi niño… ¿Esa inscripción?
“Escribo mi cuerpo en el estorbo del mundo, estornudo y digo una ráfaga de viento.”
- Mi niño… ¿De que iba tu historia?
Se derrumbó en llanto, como si todo hubiese acabado con un estornudo, o una ráfaga de viento.Madrobyo©
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