Comentarios:Jikury
28 de Abril de 2007 a las 21:24[ Comentarios ] [ Embarcadero de Abril, 2007 ] [ Puerto Libre de Ficticia ]
Era casi mediodía. Carolina entreabrió los ojos y un rayo mortal le atravesó el rostro. Se quejó dolorosamente y volvió a tumbarse en la cama. Un dolor de cabeza inaguantable, la boca seca, le dolían los senos, mierda, creo que siempre sí me va a bajar, pensó, con un tanto de alivio. Notó que traía la misma ropa y los zapatos puestos. A su lado estaba Claudia, aún dormida, roncando por las fosas nasales y con los ojos entreabiertos, le causó gracia. Se acercó y le tapó los orificios, Claudia se retorció lepereando algo inteligible, y siguió durmiendo. Pero qué pinche cruda, se decía Carolina sin decidirse a salir de la cama, seguía dando vueltas, descubrió que un arete le faltaba, qué coraje, eran los de oro. Dónde se me habrá caído, seguro en casa de Octavio. Empezó a recordar lo de anoche. Ya traía varias cubas encima a pesar de que el ron no le gusta. Prefiero los muppets, o los vampiros, pero bueno, ayer había más cerveza que otra cosa, ni siquiera sé por qué diablos fui. Mejor hubiéramos ido al Jolgorio o al Exilio. Iba a estar un DJ que se discute en las tornamesas y anunciaron barra libre hasta la una, pero Gabriel con su onda de hacerle su fiesta a este chavo “...los médicos dicen que esta desahuciado, pobrecito. Quizá sea su último cumpleaños” Y bueno, quien sabe, quizá sí se muere y al fin y al cabo quien se iba a enterar si nunca sale, nadie lo ve, nadie sabe de él, piensa Carolina imaginando los lugares donde pudo perder su arete. Y las cosas se aclaran un poco. Después de las chelas se puso a bailar con su novio, provocativa, como sólo ella sabe hacerlo. Se le acercaba sugerente y sin dejar de menear las caderas le daba la espalda caminando hacia atrás y frotaba su trasero contra él. Ahora lo recuerda. Su novio le dijo algo así como “Vente así, pero sin calzones. Vente” y ella se molestó muchísimo, porque esas expresiones le parecen muy vulgares y ofensivas. Ella estaba de espaldas, y podía imaginar la cara de su novio diciendo esa leperada. Qué asco, todos son una mierda, nomás piensan en coger y coger y coger, a ver quién se deja. Una mierda. Este pendejo qué se cree. Y que ni se le ocurra llamarme porque por mi parte ya está en la lista negra. Además, detrás de su cara de chico rudo, es un pendejito como todos. Primero estaba de caliente “Ándale Caro, vamos a mi casa, ándale vamos a mi cuarto, ándale, vamos a coger, sí, así, abre tus piernitas, así, mamita, así, móntate, tú solita” y la neta porque yo también estaba bien cachonda y sí, sí me latía el wey, pero qué fraude, apenas me monté y se vino el wey. Y eso que presumen que borrachos aguantan más. Puro rollo. Se retorcía como si de verdad se le estuviera saliendo el alma, con los ojos de huevo cocido y esos gemidos de perrito. “hay no mames... hay hay hay, no mames” es todo lo que podía decir el idiota ¿Ya terminaste? Le dije. Aguanta, dame cinco minutos y le seguimos. Allí sí que me ganó la risa. Toda la noche desde que llegamos al antro estaba friegue y friegue “Ándale, Caro, vamos a mi casa” y para el pinche ratito, ni el camino de regreso, con su cara de chingón, de conquistador, fumando como si la gran cosa. Y yo con los pinches cólicos, me ardía todo, y esa sensación pegajosa escurriéndose. Estaba realmente incómoda y encabronada. Nunca le pasó por la mente a ese wey que le dijera: “Cuando quieras coger, pero coger de verdad, al menos invítame ¿no?” y su carota de pendejo “Es que... no manches, estaba bien cachondo, no sé qué onda, nunca me había pasado. Pero para la otra...” ¡ja ja ja! Este wey... todavía cree que va a haber otra, la ingenuidad y la pendejez en pleno show. Y a lo mejor se me cayó el arete en casa de Octavio… Piensa Carolina, recordando cuando entró a su cuarto. Había algo extraño en su cuarto. No tenía nada que ver con el resto del departamento. Su cuarto era el más amplio, oscuro y polvozo. Como esas librerías antiguas. Ese Octavio está loco, pensaba. A su edad ya parece de eso viejitos de las bibliotecas. Pero no es feo, analizaba, recordándolo delgado, de rasgos finos, los labios tenues, nariz recta, la cara pálida pálida, sus lentes amarillos y la cabellera descuidada que se le veía muy bien. Nunca me han gustado con el pelo largo, como que ya pasó de moda, pero en él se veía bien. Es más, se veía atractivo. Olía a brillantina de abuelito, eso sí, y me habló de usted. Qué lindo ¿de verdad se estará muriendo? Gabriel es bien choro, bien choro y mamón. Quizá sea una enfermedad contagiosa ¡y yo lo besé! Voy a tener que preguntarle. Ahora lo recordaba, estaban hincados en el suelo y se besaron, escuchando una canción de U2, sí. Y él la miraba de una manera... Pinches cólicos, nada peor que andar cruda y en la regla. Tengo que levantarme, me muero de sed. Se levanta y se dirige directo a la cocina, abre el refrigerador, saca el jugo de naranja, con el vaso presiona el surtidor de cubos de hielo, pero decide a destiempo que le caería mejor un poco de escarcha, arroja los cubos a la tarja y selecciona el tipo de hielo que desea, frapé. Vuelve a colocar el vaso: minúsculos trozos de hielo salen disparados por el surtidor, vacía un buen chorro de jugo y se lo lleva a la boca. Siente cómo el líquido le enfría la garganta, cómo llega hasta al estómago y apaga el fuego interno. Delicioso, pero sabe que podría tomar todo el jugo del mundo y no se le quitaría la sed, así que el segundo trago lo mantiene unos momentos en la boca, hace gárgaras con él y se lo pasa. Regresa al cuarto, enciende la radio. Shakira en las bocinas. Claudia sigue en el quinto sueño, se acerca y la da una fuerte nalgada. ¡Ya párate pinche guevona! le dice, y Claudia apenas se despierta, se frota los ojos ¿Qué horas son? Pregunta, las doce y media ¡En la madre! grita Claudia, Me van a matar en la casa. De un reparo se levanta, marca un número, ¿mamá? sí, aquí estoy, es que... le estoy ayudando a Carolina con la tarea, sí, llego en al tarde ¿no hay problema? Ok. Entonces nos vemos al rato. Suspira ¿Qué te dijeron? Nada, están de buenas y no me la hicieron cansada. Claudia suelta un quejido, ¡Pero qué crudota! y eso que no tomé mucho. Dice y se lanza sobre el jugo, toma directo del envase ¡No seas cerda! usa un vaso, le dice Carolina. Hay, no seas tan delicada, ni que tuviera sida ¿Cómo sabes que no tienes sida? Claudia se queda callada. Las dos se tiran a la cama a retozar ¿y por qué se fue tu novio ayer? Pregunta Claudia, y Carolina le cuenta toda la historia, con lujo de detalles. Claudia suelta la carcajada. No mames Caro ¿en serio? ¿a poco no se aguantó nada? Nadita de nada, te digo que ni siquiera se había quitado el pantalón. No mames, si se tardó cuarenta segundos fue mucho. Huy... eso sí que es rudo, oye ¿y cómo está? ¿Cómo está qué? Hay, no te hagas... Carolina finge cara de asombro. ¡Eres una verdadera Zorrrra! de seguro desde que te lo presenté andabas midiéndoselo con los ojos. Hay, ni que estuviera tan buenote. Pues no, fíjate, hasta eso, ya vez que la regla no se cumple con todos ¿Cuál regla? Esa regla de que los chavos altos y flacos que calzan grande del pie también lo tienen grande; puro choro tuyo, ahora sí te falló la teoría. ¿De plano está tan chirris? Pues... está dos tres, pero no es gran cosa. Bueno, dice Claudia maliciosa, pero también hay que definir qué es para ti "gran cosa", cruza las piernas, mirando a Carolina, recostada bocabajo, luciendo su redondo trasero, meneándolo al ritmo de I’m so sexy que suena en la radio, y Claudia tiene que admitir que es mucho más levantado, grande, y bien formado que el de ella sin poder evitar una ráfaga de envidia porque, ciertamente, cuando salen juntas a algún lugar y los chavos se acercan, lo primero que ven son las nalgas de Carolina, pero también ella se da sus mañas, y aunque ya no se rellena el sostén con servilletas como hacía apenas una par de años, basta una buena blusita bien ajustada con amplio escote para darle batalla. El problema está que, en cuestión de senos, Carolina también tiene lo suyo; y si ella se pone el mismo día alguna blusita escotada, viene la irremediable desventaja. Con Carolina también se rompe la regla de las niñas pechugonas que no tienen nalgas y viceversa. Ella tiene de las dos cosas, y abundante. Carolina la mira y sonríe: pues no sé a qué te refieras, digo, quizá para ti gran cosa es el tamaño de un pepino. No sé, dice Claudia, pero leí en una revista que lo normal, aquí en México, son catorce pulgadas. Carolina suelta una carcajada escandalosa, Claudia se molesta porque sabe que acaba de decir una tontería. Querrás decir catorce centímetros, pendeja. Catorce pulgadas no te caben ni dobladas. Claudia se molesta, pues a mí no, pero yo creo que a ti hasta te hacen falta. Huy, ya te enojaste. Si quieres llegarle a mi novio, bueno, exnovio, porque yo ya no voy a andar con él, y así te quitas de dudas. No gracias, yo paso. Oye y cual ha sido el más grande que has visto. Mira tú, y luego dices que yo soy la zorrrota. Ya, dime. Bueno, pues mas o menos así, dice Claudia señalando una medida con las manos. Carolina se emociona. Pues no cabe duda que eres una golosa, ¿y de quién era? No lo conoces, era un chavo de la prepa, pero ya se salió. ¿Es el que decías que se inyectaba? Sí, ese wey. Órale... entonces sí te ha ido bien. Pues con este chavo no hubo nada, apenas una vez que estábamos fajando, pero luego luego quería que le bajara y la verdad a mi esa onda no me late, me da asco, pero me agarró en uno de esos días que una dice “chingue a su madre, vamos a probar” y no mames, casi me vomito. A mí tampoco me late, dice Carolina, bueno, no sé, dice Carolina; ya cuando estás bien encarrerada como que no lo piensas, y si a ti te lo hacen también pues está a toda madre, o qué ¿tampoco te late el 69?, Claudia comenzó a excitarse, de hecho, desde que se levantó traía los pezones duros y sentía que le cosquilleaban. Se colocó en la misma posición que Carolina restregando su sexo con la cama, de manera que su amiga no lo notara, y ya estaba tan humedecida que pensó por un instante fingir que iba al baño y masturbarse. Pues la verdad no, nunca he intentado el 69, pero yo creo que así si me gustaría chupárselo a alguien ¿a ti si te gustó? ¡claro! Eso si es otra onda, pero depende quién te lo haga, porque luego hay cada babotas que se emociona y te lo chupa como si estuviera chupando a una vaca, así me pasó una vez y al rato ya no podía ni caminar, no manches, me dejó toda tallada y me dolía un buen, pero en otra ocasión si estuvo cabrón, no manches, este cuate tenía una lenguota... y con la punta te hacía así –Carolina imita lo que puede ser una felación exitosa- y me hizo venir en cinco minutos, y yo también estaba tan encarrerada, que ni cuenta me di cuando se derramó. Claudia hace ¡Duaaghhj! No me digas que te los comiste, no manches, eso sí es asqueroso... y ¿a qué sabe? Es lo que te digo Clau, no es cosa de que lo pienses porque entonces no lo haces, tiene que ser en el momento, ya estás encarrerada y no te preguntas si sabe feo o no, digo, a mí nomás me supo salado, pero lo chido fue que nos vinimos al mismo tiempo; cuando me hizo venir él empezó a retorcese y me imaginé cómo venía todo desde dentro de él y eso lo sientes y te excita, como que sientes que ya se va a venir y ¡madres! Sólo sentí cómo se venía, puck puck puck; me lo metió hasta la gargannnta, y ni modo, no tuve de otra que tragármelo, pero eso sí, nunca me había venido como esa vez, no maches, casi temblaba. Claudia no creía lo que escuchaba, pensaba que más bien Carolina se ufanaba de esas cosas por mera presunción, y por otro lado no se imaginaba a ella misma haciendo esas cosas, al menos no se imaginaba contándolas con total naturalidad. Carolina era buena onda pero no su mejor amiga. Su reputación estaba en el lodo y ese era un asunto que a Claudia le preocupaba, la reputación, el qué dirán. Soñaba con casarse algún día y que no le imprecaran en la calle delante de su príncipe azul, ser víctima de los chismes y la ignominia propia del pasado. Pero no cabía duda que le excitaba bastante la idea de un 69. Sin premeditarlo, seguía frotándose con la cama y prefirió ir al baño, se sentó en el retrete a pensar quién podría ayudarle con Química, no entendía una sola letra y el maestro le aseguró que no había manera de corromperlo, ese maestro, es tan lindo... con su barba de candado, siempre impecable, de chaleco bajo el saco, y aunque hiciera calor no sudaba, fumaba muy elegante, con sus lentes pequeñitos, se parecía un poco a Mel Gibson, pero más joven y con el pelo corto. Ya una vez había soñado con él, en esos sueños nebulosos pero tan reales. El profesor la tomaba de la cintura como una muñequita y de un tirón le arrancaba la ropa, pasaba sus enormes manos por la entrepierna, sin dejar de besarla, le introducía uno, dos dedos, los sacaba, le frotaba en su pequeño monte haciendo rápidos circulos que la hacían temblar, sofocarse, toda ella se derretía en sus mansos espasmos y sentía el cuerpo contraído, conteniendo toda la sangre hasta que un cúmulo de todo la hacía vaciarse en rápidos estremecimientos, y se mordía los labios para no gritar. Cuando abrió los ojos, seguía sentada en el retrete, con sus propias manos entre las piernas.
Su amiga entró sin avisar, Claudia pegó un reparo pero guardó la cordura y siguió fingiendo que orinaba. Carolina ya se había quitado la ropa y traía su bata de baño, se metió a la regadera argumentando que tenía prisa por salir, si quieres, le dice a Claudia, puedes quedarte. Claudia se levantó y a través de la cortina transparente veía a su amiga quitarse la bata, abrir la llave, tomar el jabón, tararear una melodía. Yo también me quiero dar un baño, me siento toda pegajosa, le dijo, y Carolina no pareció importarle, abrió la cortina, pues métete de una vez, le dijo. Ya se habían bañado antes y no le parecía nada del otro mundo, aunque a veces desconfiaba de Carolina porque cuando tomaba demasiado se ponía muy pesada y la abrazaba de una manera inquietante. Se quitó la ropa y se unió a su amiga. Notó que se había vuelto a rasurar, y que efectivamente, tenía mejor cuerpo que ella, pero ya se le notaba una bolsita vientruda que le colgaba ligeramente. Sonrió. ¿Qué tanto te contaba Goyito anoche? Pregunta Carolina enjabonándose. Nada, me decía que a ver cuándo salíamos al cine. Hay, ese Goyito, no manches, imagínate saliendo con él, qué quemadota. Anoche casi se le van los ojos cuando llegué, no me los quitaba de encima. Pues sí, dice Claudia, era porque traías el escote hasta el ombligo. Pues será lo que sea, pero no me dejaba de mirar. Esa blusa me la regaló mi mamá la última vez que nos vimos, y hasta a mí me sacó de onda que ella lo escogiera. Está muy amable conmigo. Me preguntó por mi papá y dijo que ahora sí se divorcian porque se quiere casar con su jefe. ¿Hace cuánto se separaron tus papás? Ya van a hacer año y medio. Yo creo que ya no regresan, y qué mejor, porque se la pasaban mentándose la madre. Qué mala onda, dice Claudia, ¿y por qué se separaron’? Bueno, mi mamá encontró a mi papá con una vieja y armó una panchote, pero fue puro pretexto, porque yo sabía que mi mamá andaba con su jefe desde entonces. ¿Y nunca le dijiste a tu papa? No, ¿para qué? que se arreglen como puedan. Ya ciérrale a la caliente, no manches, está para pelar pollos. Claudia cerró el agua caliente y corrió el agua fría. Carolina empezó a temblar ¡Ábrele tantito a la caliente! Pinche Claudia loca, parece que no sabes usar una regadera. Claudia se fingió molesta y le arrojó el estropajo en la cara, Carolina le arrojo el suyo también, entre risitas se trenzaron como dos luchadoras amateur. Carolina le metió el pié y cayeron en la tina resbalosa, forcejeaban, pero Claudia se había golpeado en al cadera y le gritaba ¡Espérate, espérate! Y Carolina seguía encima de ella, sosteniéndole los brazos, Claudia logró soltarse y la abrazó con fuerza para neutralizarla, pero Carolina es más fuerte y logró dominarla, tratando de hacerla comerse el pedazo de jabón que traía en la mano, Claudia se defendía y en un ataque premeditado le arañó el seno izquierdo. Carolina quedó estática por un segundo, mirando el rasguño. Claudia creyó que se había molestado, la vio afilar las uñas y luego arrojarse a mandíbula batiente contra sus pezones. Logró morderle uno, con fuerza. Tomó sus senos con las dos manos, los apretó como si quisiera reventarlos. Sintió cómo los pezones de Claudia se inflamaban entre sus dedos. Estaban exhaustas, se detuvieron, se miraron. Carolina le pasó la lengua por uno de los pezones y Claudia se arqueó dulcemente, cerró los ojos, empezó a acariciarle el cabello mientras su amiga seguía pasándole la lengua en dirección al sur y le abría las piernas dócilmente. Seguía pensando en su profesor, en las cosas que Carolina le cuenta, en nubes y tempestades, apretó los dientes, sabía que de un momento a otro volvería a abandonarse al cúmulo de todo. Dejó de pensar, ya veía venir un próximo estremecimiento.Jikury
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