Comentarios:Aaglaia
29 de Agosto de 2002 a las 16:55[ Comentarios ] [ Embarcadero de Agosto, 2002 ] [ Puerto Libre de Ficticia ]
Para el mejor amigo de Susi
“La soledad es que llega sin aviso”. Es un soplo de bocas que nos dejan su aliento de cristales. Tiene algo de rama verde y de metal oscuro. Y es ya en la tarde, cuatro y media, tres horas que te has ido, cuando se va llenando de tintes agridulces, como un mar de raíces implacables, avanzando despacio ante el desconsuelo de las luces lejanas. Y se abre en horizontes como espadas, hiriendo mis segundos, llenándolos de muertes silenciosas, sin luz y sin motivo. “Incluso está la tarde casi muerta”. El sol, que destellaba hace unas horas (tres horas que te fuiste), se ha apagado un momento en su agonía de hoguera. Y explicar el incendio sofocado es todo un imposible. Quizá un océano de ginebra haya saltado de pronto sobre las nubes, o quizás millones de tristezas estén cruzando el cielo en estos instantes.
Tres horas y otro rato, el de los pasillos angustiosos, el de las antesalas sin motivo, el de las aguas grises resbalándose en gotas. "Me asaltan los misterios". Son millones de 1enguas desgastando a la vez una obsesión. Sólo una ducha fría me deslumbra, arrancando mil voces al espacio, desgarrando sus diminutas manos de cristal sobre mi cuerpo. Y el torbellino denso me desborda, se derrama en mil ecos silenciosos, inquebrantable acento de las bocas buscando sus motivos. Frenesí de las manos, con sus susurros líquidos y pesados. Mercurio. Sensación de mercurio me recorre la piel. Y hay un toque de pegajoso alcohol cuando me visto, perfectamente limpia, impecablemente fresca, bajo la tibia dulzura del recuerdo. Y se distiende el día en sensaciones, nocturnas bocas vuelan en mi cerebro, sembrándolo de dientes. “Eras todo mirada bajo las flores negras de la noche”. Eras todo mirada, azul -intenso azul- repasando, quizás, un pensamiento. Metal, oscuros labios, enrojecidos ojos entre los cuerpos duros de las horas. Y tú, sólo mirada, te deshacías de pronto entre las sombras, mudo entre los vapores de cerveza. Húmedo y deslumbrado bajo el agua. Diminutas pupilas reflectantes recorriendo tu cuerpo, y esa voz de músicas lejanas rompiendo tu garganta. Te veo en otras voces, desplegándote en ondas cristalinas, y tiemblo ante los mares del olvido como si fueses otro. Hechos de carne y hueso me reavivan al sueño, me incitan al deseo de una esperanza, al verde ramillete de los días que contiene un segundo de misterio. Ya tres horas y media. Te fuiste; y están las nubes grises de tu ausencia, entre los dulces árboles, llenándose de hojas. Hojas en blanco, muertas, entristecidas hojas, llenan mi corazón, repleto de distancias.
“Ya ves. Es que no avisa”. La soledad te llega tan de pronto que no te deja opción ante el peligro. O te llenas de dientes y recuerdos, o la descompones en partes haciéndote con ella una coraza de las más fuertes. Pero sin remedio, te atrapa, te estrangula entre sus cuatro engaños de menta destilada, entre sus sinsabores de ginebra. Y el hielo te perfora. Toma forma en tu cuerpo bajo las apariencias de unas manchitas blancas que cubren tu garganta. Y este pub, algo de club inglés entre los sueños, te recuerdan otra vez la línea roja que golpeó la sangre. Sangre. Sin luz y sin motivo. Sin misterio. “No conducía a nada tanta historia”. Y las palabras bonitas. A veces distorsionan, deforman las imágenes de las cosas, visten vestidos rojos a las más negras viudas. No es mentira, quizá. Tan sólo el pensamiento de un segundo, el hueco miserable de un minuto en la noche infinita de la ausencia.Aaglaia
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