Primero el verde. Luego el azul. No quedó rastro del rojo. Ni siquiera se salvaron los mestizos de la paleta cromática. Mientras se extendía, el glaciar devoraba todos los colores a su paso. Entonces se atrevieron a asomar monos descoloridos en busca de pareja, tigres y leones blancos perfectamente adaptados al medio. También los hermanos Albo y Nívea salieron sin preocuparse por el filtro solar y las gafas de sol. A través del hielo observaron cómo el glaciar arrastraba plumas de guacamayos, la chillona ropa de verano y el maquillaje estridente de las mujeres. Observaron el espectáculo con la maliciosa curiosidad con que antes, en el verano hostil, la gente los miraba a ellos, los albinos.
Mónica Brasca
28 de Enero 2017 / 07:18

Selección del 14/1: Por siempre invierno, de Malvadisco 28 de Enero 2017 / 07:18
Mónica Brasca

 

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