El enorme barco empezó a moverse, lento, como un mastodonte prehistórico. De pronto emitió una serie de quejidos que se escucharon más allá del puerto cómo si alguien o algo lo hubiese lastimado de muerte. Arriba, los pasajeros dejaron de decir adiós con las manos y se taparon los oídos. Abajo la tristeza se apoderó del pueblo que no acaba de acostumbrarse a las despedidas.
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31 de Enero 2017 / 23:26

Deshabituación 31 de Enero 2017 / 23:26
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