Mis nietos y bisnietos siguen atiborrando cuanta cosa el cuarto de San Alejo. Allí reposan entre el polvo y las telarañas, trastes desvencijados, dos poltronas, una mecedora rota por los traseros, un teléfono de manivela, una plancha a vapor y un gramófono. Y, entre maletas y apolillados baúles, abundan generosos recuerdos y pensamientos de tiempos idos. Cosas inservibles, cuentos desechables, lágrimas y sonrisas.
Ahora, dicho cuarto recibe un nuevo trebejo: mis herederos dispusieron que yo tenía que ir a dormir allí, en el viejo catre del difunto tío Antuco. Eso suena a mi despedida.
esleongo
07 de Febrero 2017 / 17:16

Mis últimos días 07 de Febrero 2017 / 17:16
esleongo
         Taller08 de Febrero 2017 / 07:27
         SAPO
                  Con todo respeto...08 de Febrero 2017 / 08:55
                  esleongo
                           De igual forma...10 de Febrero 2017 / 05:14
                           SAPO

 

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