El viejo marinero en tierra es como un ave sin alas, como una guitarra sin manos que hagan brotar sus melodías escondidas en la madera. Jamás puede vivir lejos de las olas y ahí, en el último día de su vida ve a la sirena sentada en las rocas alisándose el cabello y cantando. Regresa a casa y se sirve una copa de ron. Con la dulce melodía de la criatura fresca en su memoria abre el grifo del agua y permanece quieto hasta que un rio fluye debajo de sus pies y el caudal acarrea su cuerpo, como un barco, hasta depositarlo en el océano.
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12 de Febrero 2017 / 08:21

Lobo de mar 12 de Febrero 2017 / 08:21
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