Las voces lo habían acompañado desde la adolescencia. En su juventud las controlaba con alcohol, largas noches de excesos que lo hacían desmayarse y no saber de ellas por un par de días. Dormir bien fue algo que desconoció hasta que recurrió a la psiquiatría, que las controló de manera casi total y le permitió vivir de una manera normal y productiva. Una noche volvieron para decirle “Antes nos eras divertido. Adiós, ya encontramos alguien más con quien jugar”.
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