Los oficiales esperaban órdenes. El maestro era civil, licenciado en Letras, ni siquiera abogado, como parte del programa de capacitación a servidores públicos; estaba ahí, en el salón 5 de la academia de policía, para instruirlos en técnicas de investigación jurídica. La fábrica de pinturas de enfrente se incendiaba; las llamas llegaban a los 12 metros de altura y la columna de humo se perdía en el cielo. No podía dejarlos solos hasta que dieran la orden de evacuación porque perdería su respeto, que tan difícilmente se había ganado.
El último estado de su cuenta de Facebook fue: “Manteniendo las filas por sentido del honor. Maldita Ética laboral”.
Hechicero
15 de Febrero 2017 / 16:52

EMERGENCIA 15 de Febrero 2017 / 16:52
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         Historia verdadera...15 de Febrero 2017 / 17:03
         Hechicero

 

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