En vano compartió con el amante las tiernas palabras del amor primero, el lecho y las caricias, inexpertas al principio, ardientes y apasionadas más tarde. En vano recorrió, a escondidas, los lupanares de la lejana Siracusa para aprender nuevas técnicas amatorias. En vano le ofreció la inmortalidad, pues la peor de las muertes es preferible para él al tedio que lo embarga.

Ahora que ha recibido la orden de dejarlo partir no le resta más que el orgullo de la magnanimidad: le proporciona madera para construir el navío que se lo llevará para siempre, tela para las velas, hilo para las jarcias, alimento y vino en abundancia. Sólo al verlo alejarse se desata las trenzas, araña sus mejillas, las cubre de ceniza y da rienda suelta a la rabia y al desconsuelo. Cuando el brillo de los primeros rayos de sol se refleja en sus lágrimas, el viajero, alegre, las confunde con las últimas estrellas del amanecer; mientras tanto, ella advierte que la hermosa isla, sus bosques y fuentes, su cueva acogedora, se desdibujan como una acuarela demasiado aguada. La bella Calipso no es ya protagonista, sino un episodio más en la vida de Ulises, el navegante.
Circe
18 de Febrero 2017 / 14:07

Partida de Ogigia 18 de Febrero 2017 / 14:07
Circe
         Taller. Seleccionada20 de Febrero 2017 / 08:22
         Carmen Simón

 

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