Día 1 (Tallerista: Elisa de Armas)
La montaña enjoyada (por Malvadisco)
El castañeo de dientes, la piel de gallina y el temblor del cuerpo eran sensaciones desconocidas para el esclavo negro. Se había fugado para ascender hasta la cumbre de la montaña y recoger aquellas piedras preciosas con que compraría la libertad de su pueblo. Pero cuando abrió la vasija delante de su amo, los espíritus de la montaña habían transformado los cristales en agua.

Día 2 (Tallerista: José Luis Velarde)
Gélido (por Gata Blues)
Pasó de tener un frío otoñal a criar nardos en primavera, sin pasar por su propia estación del año: el invierno. Punto y final de toda una vida congelada.


Día 7 (Tallerista: Carlos de Bella “Sapo” )
Juventud bajo cero (por Malvadisco)
Fue concebida a inicios de invierno por un par de pastores. Estaba orgullosa de su nariz de zanahoria y sus ojos aceituna que destacaban en un cutis blanquísimo. Al avanzar la estación, sus pechos se afirmaron con la dureza que concede un invierno maduro. Pero cuando llegó la primavera, aparecieron las arrugas, la flacidez y la incontinencia que, gota a gota, convirtió la muñeca de nieve en un charco de agua.

Día 8 (Tallerista: Tequila)
Ropa de estación (por River Song)
Con la llegada de los primeros fríos, te dirigís al armario y buscás en el segundo cajón aquel pulóver verde con filigranas de ositos. Ponés el pulóver sobre la cama y sacás de otro cajón un par de medias gruesas de lana. Luego abrís la puerta con luna y pasás percha tras percha, hasta que das, debajo del guardapolvo, con la camisa leñadora que tanto le agrada. Finalmente, cuando la muda de ropa está completa, apagás la luz y salís de la habitación esbozando una leve sonrisa.
Durante días y más días la ropa persiste allí, intacta; como intacta persiste tu esperanza de que un día ya no la encuentres sobre la cama… Y que lo de la curva no haya sido más que un largo y triste sueño de invierno.


Día 11 (Tallerista: Carlos Bortoni)
En blanco (por Malvadisco)
Después del estallido de la bomba atómica, la temperatura bajó varios grados. El invierno nuclear trajo la lluvia radiactiva que contaminó campos, personas y animales. Luego vino otra lluvia, una lluvia de dientes, cabello y piel. La radiactividad había erosionado, por capas, a los sobrevivientes hasta llegar a lo blanco de los huesos.

Sonata de invierno (por Gata Blues)
No es que alcance temperaturas de un iceberg y me congele por lo que tengo nombre de mujer, si no por hundirme con el contrabajista del Titanic es que mantengo la calma y la sangre fría.

Desesperanza (por black dot)
Susy y el pequeño Johnny, salieron al patio trasero para hacer un muñeco con la poca nieve que aún quedaba. Una zanahoria de nariz, los guantes viejos del papá como manos, un desgastado par de orejeras y piedras para formar ojos y dientes le daban a la blancura un toque de magia. Al caer la tarde, tiritando de frio y cansados, se metieron a la casa donde un chocolate caliente los esperaba. Durante días el hombre de nieve esperó a que los niños regresaran mientras la desesperanza y el terror se hacían más intensos conforme la temperatura subía.


Día 14 (Tallerista: Mónica Brasca)
Mala prensa (por mudra’s)
Otro caso que termina en violencia extrema por culpa de los medios y sus verdades a medias. Durante temporadas hablaron de que ya no era el mismo y publicaron números y estadísticas. ¿Razones? Científicas y de las otras: tala de bosques, calentamiento global, efecto invernadero y los fabricantes de abrigos pidiendo subsidios por caída de ventas.
Hasta que el gordo se hartó. Sentado en un iceberg a punto de romperse tomó fuerzas, infló los carrillos y sopló, sopló y sigue soplando. Así reivindicó laureles y el mundo, de momento, decidió cerrar la boca y cubrirla con una bufanda.

Por siempre invierno (por Malvadisco)
Primero el verde. Luego el azul. No quedó rastro del rojo. Ni siquiera se salvaron los mestizos de la paleta cromática. Mientras se extendía, el glaciar devoraba todos los colores a su paso. Entonces se atrevieron a asomar monos descoloridos en busca de pareja, tigres y leones blancos perfectamente adaptados al medio. También los hermanos Albo y Nívea salieron sin preocuparse por el filtro solar y las gafas de sol. A través del hielo observaron cómo el glaciar arrastraba plumas de guacamayos, la chillona ropa de verano y el maquillaje estridente de las mujeres. Observaron el espectáculo con la maliciosa curiosidad con que antes, en el verano hostil, la gente los miraba a ellos, los albinos.

Cambio de ciclo (por Aarón)
Plantado en el jardín, a través de los copos que blanquean la ventana escarchada, el muñeco de nieve observa cómo aquella familia feliz se va derritiendo, lentamente, a la luz de las velas.



Día 18 (Tallerista: Carmen Simón)
El precio (por Alarcón)
Las puertas y ventanas de la casa están abiertas de par en par. Los muebles
lucen impecables, la mesa está puesta, el hogar encendido. Pero nadie
responde a nuestras voces. Nieva y un viento helado se levanta.

—¡Entremos! —le digo a Paula.

Atravesamos el umbral y un golpe de viento cierra puertas y ventanas.

—¿Qué habrá pasado con los dueños de la casa? —me pregunta, y se queda con
la mirada absorta en el fuego.

—No lo sé —respondo, y le señalo seducido los manjares sobre la mesa.

Como y bebo bestialmente. Paula me observa angustiada sin probar bocado.

—¡Marchémonos! —exclama de pronto, la mirada vuelta al fuego.

—¿Estás loca, mujer? —le grito desconociéndome, y agitando la copa
furiosamente, ordeno—: ¡Más vino!

Paula toma la jarra, finge que me va a servir, pero corre hacia el hogar y
la vierte sobre el fuego. De golpe, todas las puertas y ventanas se abren.
Con pavor observo que los muebles están derruidos, la mesa vacía, el hogar
colmado de cenizas sin tiempo.

Y caen los últimos copos de nieve y el viento cesa.

Ella me toma de la mano y me conduce fuera de la casa. Mientras recobro el
aliento, siento cómo la mano de Paula se hace cada vez más blanda, y cuando
la casa desaparece, me hallo aferrado a un recuerdo y al aire.
C. Simón

Desorden climático (por esleongo)
–Hola Otoño –llamó enojado el Invierno a través de su teléfono móvil– ¿qué ocurre?, veo que tarda demasiado para entregarme el turno; la nieve reboza todos mis aposentos y estoy tan aterido que casi no puedo moverme. Estoy urgido por descargarla.
–Lo lamento, nada puedo hacer por ahora pues Verano, aliado con el Sol, me entregó pasados 30 días, aduciendo que Primavera había hecho lo mismo. Aún tengo aire en mis pulmones para deshojar más árboles.
–Pero si yo le entregué a tiempo a ella, ya verá, de eso me encargaré yo –y tiró el teléfono.
Meses después, cuando le tocaba el turno a Primavera, Invierno se desconectó de Internet, apagó su móvil y buscó una playa soleada en el trópico. "Regreso en el próximo invierno, arréglese como pueda", le escribió.



Día 20 (Tallerista: el aguila descalza)
Cambio climático (por Rudolf)
Los copos de nieve se acumulaban sobre el sofá, la escarcha cubría el dormitorio y por el pasillo, hacia la cocina, avanzaba un glaciar que congeló el horno. "No soporto este frío", dijiste antes de marcharte. Entonces comenzó el deshielo. Desde los altillos donde guardé tus fotos y tus regalos se despeñaron los torrentes que anegaron el salón y convirtieron la que fue nuestra cama en un bote a la deriva. El parqué se arruinó, pero el sol ha seguido calentando. Sobre la alfombra del salón ha empezado a brotar el césped y, entre las sábanas, despuntan las primeras margaritas.

La ley del hielo (por black dot)
Con la situación política tan inestable, el dictador resolvió que las estatuas a los padres de la patria se realizaran en hielo y al empezar el invierno. Los ciudadanos no tuvieron más remedio que obedecer sin replica, conscientes de que llegada la primavera habría ya otro nuevo líder, otro verdadero prócer de la nación.

Amistad en punto de congelación (por Malvadisco)
Afrontar el invierno, perdidos en la profundidad del bosque, los convirtió en enemigos solapados que se escudriñaban con gesto siniestro. Sentados bajo los pinos, ingerían musgo y nieve disuelta en la boca, nieve que les provocaba el aliento congelado donde se cristalizaban los espejismos de un plato de comida y un lecho cálido. Almidonada de escarcha, la ropa del amo crujía tanto como su estómago. Aunque alguna vez fue su mejor amigo, el perro saltó al cuello de su dueño.

Gral Macario Piedra
28 de Febrero 2017 / 23:17

Recopilación del concurso marinero de enero de 2017 28 de Febrero 2017 / 23:17
Gral Macario Piedra
         Por favor avisen28 de Febrero 2017 / 23:24
         Gral Macario Piedra
                  Una inquietud...01 de Marzo 2017 / 09:32
                  esleongo

 

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