Lo rodearon en busca de noticias del otro lado del río. Anfimedonte se tomó el trago que le dieron y habló para la concurrencia: “Sabed los presentes que nosotros, los cien príncipes de Ítaca, pretendíamos a Penélope, la de las hermosas trenzas doradas. Nunca negó al matrimonio, pero tampoco lo deseaba. Antes bien, nos obligó a permanecer junto a ella, con diferentes ardides, hasta la llegada del marido. Durante 20 años no hizo más que urdir la perdición y la negra Ker contra nosotros, sus pretendientes. Nos engañó con un telar y los brillantes hilos, y fue como si cosiera nuestros ojos para que no viéramos que descosía la labor durante la noche. Cuando volvió el esposo, disfrazado de mendigo, escondió las amadas armas para que él pudiera matarnos uno a uno después del torneo de arquería.” Y antes de que el agua del Leteo lo hiciera olvidar, el alma de Anfimedonte contempló su propio cadáver clavado con una flecha. Luego se fundió con el resto de sombras en las cavernas del inframundo.
Malvadisco
18 de Marzo 2017 / 23:47

El mensajero 18 de Marzo 2017 / 23:47
Malvadisco
         Taller. Seleccionada23 de Marzo 2017 / 08:22
         C. Simón

 

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