Día 1 (Tallerista: Elisa de Armas)
Se acabó (por de Hechicero)
No entendía por qué no podían arreglar las cosas. A ella la acompañaba en largas tardes que se le iban en quejas mientras la amargura le crecía de tanto rumiarse. A él lo veía todas las noches, bebiendo con silenciosa resignación. No quería estar presente cuando por fin se separaran. Dejó un pájaro muerto como ofrenda, quizá como metáfora, a los pies de su cama y se marchó de sus vidas por las azoteas sin decir ni miau.

Señales de humo (por Malvadisco)
Apenas se corrió la voz, una multitud de amigos y familia lo rodeó. Ni siquiera había cambiado el "Gordo" y ya estaba comprometido en obras de caridad, préstamos y regalos. Desilusionado , tiró un fósforo encendido dentro de su casa. Adentro, el billete ganador le dijo adiós, junto a aquellos pedigüeños, en una humareda con aroma a barbacoa.


Día 2 (Tallerista: José Luis Velarde)
Todo termina (por Esleongo)
Hoy despido mis días de ayer, cuando el sol entraba por mi ventana. Igual le digo adiós a mis días futuros que jamás golpearán mi puerta, y que no estarán para recoger la miseria que me consume. Solo quedarán nostalgias, sombras y pesares adormecidos en mi presente, lo único que me queda.

Despedida (por Black Dot)

Al entrar al camerino se quita la chistera, la capa negra. Saca del sombrero al roedor que fuma un habano mientras tamborilea con la pata.
-¿Mañana a la misma hora? -pregunta el animal.
-Sí, a la misma hora -contesta el mago.
El hombre se esfuma a casa, el conejo a ver a Alicia.

Día 3 (Tallerista: Juan Manuel Montes)
DESIERTO

Día 4 (Tallerista: Marcial Fernández)
Sentido contrario (por Hechicero)
Javier tiene un ligero caso de dislalia. Confunde los tiempos verbales: cuando se despide de alguien, dice: “Mucho gusto en conocerte” al igual que, al presentarle por primera vez, comenta: “Fue un placer haberte conocido”. También es raro que algún acontecimiento lo sorprenda y siempre gana la Lotería, lo cual no lo cura de vivir de adelante para atrás.


Día 5 (Tallerista: Victor Antero)
DESIERTO

Día 6 ((Tallerista: el aguila descalza)
Trascendencia (por Crispin)

Cuando falte, recuerda nuestros juegos a la gallinita ciega en el parque; las sorpresas de reyes y cumpleaños; las noches en vela por el dolor de oído o la salida del primer diente; las peleas porque había que comérselo todo; las tardes en el campo con Toby —nunca dejes de cuidarlo—; las visitas de los abuelos, de tus padres. Recuerda cada uno de los días que hemos sido felices juntas y, sobre todo, nunca te olvides de mí, de mi cara, de mi risa —dijo la niña a su madre antes de fijar la mirada en la nada.

Ausencia (por esleongo)

Quería olvidarla en el carnaval. Desde que se fue sin despedirse, solo la tengo en los resquicios de mi memoria y en sus zapatos que me hablan a diario desde el armario. Por las angostas calles desfilaban las coloridas comparsas cuando, ¡no podía creerlo!, era ella quien venía hacia mí. Sí, no me cabía la menor duda, mi corazón estaba a punto de ebullición. Justo frente a mí se quitó la máscara para dejarse ver, dejándome atrapado. No era ella, me dijo “hola” y se despidió sonriendo la muy coqueta.

La limpieza (por Hechicero)

Nada me hubiera preparado para eso: limpiar la casa de mis padres muertos. Me armé de valor, escoba, cloro, trapeador, cajas de cartón, bolsas de basura, paciencia y un fin de semana largo para la tarea. Los accidentes no dejan decir un buen adios, no en la morgue, no en la funeraria. La última cena familiar se me confunde con otras más, con sus evasivas, sus lugares comunes, con la vergüenza de no poder compartir con ellos mi vida sentimental.

Entré en el dormitorio y admiré la coquetería senil de los afeites y ajuares de mamá, tan dama ella toda la vida. En el estudio se ve todavía la pulcritud marcial de papá, académico de pies a cabeza, su legado de libros escogidos y preservados con cuidado, y entre ellos, casi escondidos, un puñado de libros que rompían con la temática de todos los demás: “La experiencia homosexual”, “Una historia natural de la homosexualidad”, “Masculino y femenino” y otros más, subrayados, ajados de tanto leerse.

Rompí a llorar, lamenté lo poco que me había abierto a ellos en los últimos años, apenas descubría lo mucho que habían hecho por entenderme a mí. No puedo decirles adiós todavía. Pasaré más tiempo del previsto en este lugar, con la determinación de despedirme mejor, de conocerlos por fin.


Día 7 (Tallerista: Carlos de Bella (Sapo))
DESIERTO

Día 8 (Tallerista: Tequila)
Cuchillo en mano (por Black Dot)

Yo estaba parado en la cocina con el cuchillo en la mano, viendo al corredor que conduce a la puerta de la casa. Ella abrió para salir y me vio con lágrimas en los ojos. “Siempre me haces llorar”, dijo. La vi y quise pedirle que no se fuera. Decirle que ya nunca más lo haría, pero recapacite y seguí picando la cebolla.

Solo (por Cuitlahuac)

Se despidió de todos. Uno a uno. Con calma. Recordando todo lo vivido, compartiendo pan, vino, risas e historias.
Se tomó tanto tiempo en decir adiós que, al final, decidió quedarse.

Al día siguiente despertó de nuevo en su cama. En su casa. En su ciudad.

Solamente él.


CADUCIDAD (por Hechicero)

Cada vez eran menos frecuentes sus visitas a la peligrosa tribu de pigmeos, a la indómita llanura infinita, a la pista mortal de las mil millas, al país de las gemas y de los castillos. Todos, pigmeos, vaqueros, pilotos, caballeros, dragones y muchos seres más se desvanecieron cuando Gabriel alzó la vista después de soplar las 12 velas del pastel y encontrarse con los ojos de Karlita.



Día 9 (Tallerista: Lucía Casas Rey)
DESIERTO

Día 10 (Tallerista: Dakiny)
Única oportunidad (por Gata Blues)
En su último intento de decir adiós al mundo casi se le olvida apretar el gatillo.

De reojo (por Carlos Bortoni)
Jamás nos despedimos. No habl?é del tema. Tampoco ella. Nadie ??dijo nada. Ni siquiera ?hubo ?una última mirada. Fuimos igual de culpables. Ninguno lo evitó. Nuestros destinos seq cruzaron una mañana en la calle y cada quien siguió su camino.

Día 11 (Tallerista: Carlos Bortoni)
Cancionero (por Hechicero)
Todos los fines de semana entraba a la cantina, y cuando empezaba a surtir efecto el tequila, iba a la rockola. Los parroquianos, camareras y cantineros sabían lo que les esperaba si ponía una de las tres canciones que lo alteraban. Si era "Volver, volver, volver", le dejaban la botella enfrente y un puño de servilletas; si era "Porque estás que te vas, y te vas, y te vas, y no te has ido", los meseros alejaban de su lugar todo lo que pudiera romper; si era "Adiós, para siempre adiós", se resignaban a que se quedaría más allá de la hora del cierre y a esperar con él a que pasara un taxi para llevárselo. Por lo menos era generoso con las propinas, que si no, no le tendrían tanta consideración.


El inmigrante (por Malvadisco)

Se lanzó a la corriente del canal sabiendo que nadie intervendría para salvarlo. Ante docenas de personas, rodeado de ese odio camuflado de desidia, se ahogaba sin socorro. Fue entonces que los recuerdos de desprecio, acumulados en esa tierra extraña, flotaron encapsulados en burbujas a modo de despedida, mientras le arrojaban uvas y empaques de golosinas al grito de “¡Vete a África, negro cabrón!”.



Hasta siempre (por Gata Blues)

He ahí al autor reflejado en su obra, ajeno a su propia imagen, sin que nunca más quiera volver a verle.


Día 12 (Tallerista: José T. Espinosa-Jácome)
DESIERTO

Día 13 (Tallerista: Laura Elisa Vizcaíno)
Molachos (por Hechicero)
Ahí estábamos, mirando desconsolados cómo sacaban el mobiliario de la vieja cantina ubicada en la calle Juan Manuel esquina con Alcalde. Bajo esa mesa Viridiana y yo nos acariciamos con lascivia; en esa barra Samuel le robó un beso a Adriana; Oscar nos confesó ante ese espejo sus verdaderas inclinaciones; en la mesa del balcón Fernandito y Héctor escribieron un poemario entero… Encendimos los cigarros. Suspiramos. Nos dijimos que habría otros bares, pero sabíamos que ya daba lo mismo; nosotros, peinando canas, no volveríamos a ser lo que habíamos sido.

Día 14 (Tallerista: Mónica Brasca)
Cierre de transmisión (por Hechicero)
Las voces lo habían acompañado desde la adolescencia. En su juventud las controlaba con alcohol y largas jornadas de excesos que lo hacían desmayarse y ahuyentar la confusión mental por un par de días. Dormir bien fue algo que desconoció hasta que una pastilla recetada por triplicado las apaciguó casi por completo y le permitió vivir de forma normal y productiva, como exigían sus padres. Una noche volvieron para gritarle “Ya no nos interesas, encontramos alguien más divertido con quién jugar”. Al silencio le siguió un vacío helado que aún perdura.

Despedida (por Eneas)
Con la dignidad de quien cumple con su deber cabalmente, el último verdugo acomodó el lazo alrededor de su cuello.


Día 15 (Tallerista: Rony Vásquez Guevara)
DESIERTO


Día 16 (Tallerista: Josep M. Nuévalos)
Rafaela, # 422704 (por Telares)
Insisto por estos días en marcar ese número tan nuestro, hasta que atiendan. A la nochecita, cuando surge el eterno impulso de transmitir novedades, consultar una receta o averiguar “¿cómo estás, mamá?”, llamo pretendiendo encontrar a alguien allí, en la que fue su última casa. Ya no quedan muebles, imagino el teléfono sonando sobre una pila de cajones con facturas viejas. Ahora que todavía puedo hacerlo, espero pacientemente a que me conteste la voz de mi hermano o de mi hermana, que seguramente estarán de paso, desarmando, embalando, eligiendo recuerdos. Pronto nadie responderá. Y entonces sí, adiós llamados casi diarios, adiós punto de encuentro familiar, adiós raíces.

SOBRE EL MUERTO, LAS CORONAS (por Hechicero)
Fue el poeta residente de todas las cantinas del centro; sostuvo con su devoción dionisíaca a muchas de ellas y, cuando el cuerpo pasó la factura y los órganos fallaron, en la funeraria se dieron cita los cantineros, camareras y tertulianos a darle su último adiós llevando coronas funerarias que, en lugar de flores, estaban recubiertas con cervezas “Corona”, frías como el difunto y prestas para que brindaran por él.


Despedida formal (por Malvadisco)
Exigió un ataúd y un espacio en el cementerio para sus gemelas. Una infección la había privado de aquel par. Aunque extirpadas de su cuerpo, seguían siendo parte de ella y se llevó la mano al pecho liso. El enterrador colocó la cruz sobre el montículo de tierra bajo el cual reposaban los implantes de sus glándulas mamarias.


La despedida no siempre es con lágrimas (por Mudra´s)
El rey se está por morir y nadie lo sabe. Hasta que una infidencia desliza la circunstancia y llega a oídos de quien nunca lo quiso, solamente lo respetaba por temor. Entonces la selva tembló por las carcajadas de la hiena ante la infausta noticia.

Últimas voluntades (por Crispín)
Sentado en un banco del parque Julián daba instrucciones a Toby.

— No te vayas a subir al sofá, no rebusques en la basura, no ladres al quedarte solo, cuando te saquen no tires de la correa, ni protestes si te ponen el bozal, y no te escapes para perseguir a otros perros.

Toby lo miraba y levantaba las orejas mientras Julián lo amenazaba con el dedo.

— Supongo que esas órdenes también serán para mí, que tendré que tenerlas en cuenta —le interrumpió Tomás.
— Los perros, como las personas, necesitan un mínimo de disciplina —le respondió, para inmediatamente volver a dirigirse a Toby.
— Obedece a Tomás en todo, es tu dueño desde este momento. Y una última cosa Toby, cuando me vaya, no vuelvas la cabeza.
— ¿No quieres quedártelo, aunque sea por un tiempo? —le propuso Tomás que había visto los ojos vidriosos de Julián.
— No, esa es mi decisión, me ha costado mucho tomarla, no hagas la despedida más larga.
— Está bien —contestó al tiempo que le ponía la correa a Toby y se levantaba.
— Y una última cosa Tomás, cuando me vaya, no vuelvas la cabeza.

Julián sacó de su bolsillo una cajetilla de tabaco, con un golpe certero hizo salir un cigarrillo, lo encendió y le dio una profunda calada que aguantó unos segundos con los ojos cerrados, mientras las farolas comenzaron a encenderse lentamente.


Día 17 (Tallerista: Cesar David Garcia Espriella)
DESIERTO

Día 18 (Tallerista: Carmen Simón)
Partida de Ogigia (por Circe)
En vano compartió con su amante las tiernas palabras del amor, el lecho y
las caricias. En vano recorrió los lupanares de la lejana Siracusa para
aprender nuevas técnicas amatorias. En vano le ofreció la inmortalidad, pues
la peor de las muertes es preferible para él al tedio que lo embarga.

Ahora que ha recibido la orden de dejarlo partir, no le resta más que el
orgullo de la magnanimidad: le proporciona madera para construir el navío
que se lo llevará para siempre, lienzo para las velas, hilo para las
jarcias, víveres frescos y espumoso vino. Sólo al verlo alejarse se desata
las trenzas, se araña las mejillas, las cubre de ceniza y da rienda suelta
a la rabia y al desconsuelo. Cuando el brillo de los primeros rayos de sol
se refleja en sus lágrimas, el viajero, alegre, las confunde con las
últimas estrellas del amanecer. Mientras tanto, ella advierte que la
hermosa isla, sus bosques y fuentes, su cueva acogedora, se desdibujan como
una acuarela demasiado aguada. La bella Calipso no es ya protagonista, sino
un episodio más en la vida de Ulises, el navegante.


Despedida de soltera (por Hechicero)

¡Circe, tienes que venir! ¡Ésta promete ser la despedida más épica de
todas y apenas he tenido que hacer nada! Viridiana se enteró de lo de
Adriana con Fernando y le rompió la nariz recién operada. Karla se bebió
media botella para agarrar valor y le declaró su amor a Andrea, están
encerradas en el baño resolviendo qué hacer. Uno de los strippers que llegó
era el hermano de Mireya. ¡Y Milagros todavía ni llega de probarse el
vestido!
Se escucha delicioso, Eris, voy para allá.

Para Annabel Lee (por Enigmática)


Con todo el dolor de mi corazón, me clavo esta pluma, y remato con el puño y letra de la tinta que corre por mis venas.

Día 19 (Tallerista: Fernando C. Pérez-Cárdenas)

DESIERTO

Día 20 (Tallerista: el aguila descalza)
Esperanza (por Gata Blues)

Algún día tiene que volver: no puede irse sin decir adiós.

Cambio de guardia (por black dot)

Los hombres se fueron acomodando de cuatro en cuatro para hacerle guardia al féretro. Aun los que odiaban al difunto se hicieron presente. Hombre fuerte, había fungido de todo en la política de aquel arruinado país. Cuando hubo que matar, mató. Cuando el chantaje fue imprescindible, chantajeó sin miramientos. Cuando encontró el camino para encumbrarse, pasó por encima de quien fue necesario. Todos aprendieron a odiarlo, pero también a temerle. Ahora, que estaba muerto y, en el sueño eterno dentro de la caja, venían a ver si era cierto que la muerte se había atrevido a llevárselo, más que a darle la despedida.

Adiós, Manuel (por Hechicero)

Hermano, te lo prometimos, te lo cumplimos. No dejamos que tu ex secuestrara tu urna para un pesado y aburrido funeral cristiano. Te robamos para bailar contigo, cantar contigo, beber contigo y despedirte como te merecías. Desgraciadamente las últimas voluntades no son un buen argumento legal si no están notariadas y ahora estamos en la delegación. Espero que tu tiempo el cuarto de evidencias sea suficiente para evitar que vuelvas con la bola de aburridos que creen que ellos eran tus seres queridos.

Gral Macario Piedra
27 de Marzo 2017 / 00:00

Recopilación del concurso de febrero de 2017 27 de Marzo 2017 / 00:00
Gral Macario Piedra
         NOTA 127 de Marzo 2017 / 00:02
         Gral Macario Piedra
         NOTA 2 (para Dakiny y Bortoni)27 de Marzo 2017 / 00:06
         Gral Macario Piedra
                  Re: NOTA 227 de Marzo 2017 / 13:44
                  carlos bortoni
                           LA CORRACCIÓN SE ENVIÓ AL JURADO28 de Marzo 2017 / 17:26
                           Gral Macario Piedra

 

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