Desde la celda, donde está preso, Nadie oye los huesos de algunos de sus compañeros crujir. Son sus amigos los que ahora son devorados con macabro gusto. Cada vertebra, cada falange, cada hueso emite el ruido de ramas secas al romperse bajo la presión de la mordida. El olor del guisado le despierta el apetito y se avergüenza de tener hambre en esa situación. El ciclope, hijo de Poseidón, no lo sabe, piensa que el dolor que siente en el estómago es la ira porque sus prisioneros se han escapado, pero en realidad es la falta de costumbre de consumir carne humana.
Marcial Fernández
28 de Marzo 2017 / 09:55

Sel. 4 de marzo, "Hambre", por Black Dot 28 de Marzo 2017 / 09:55
Marcial Fernández

 

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