El regreso
Esleongo
Cada vez que abro el desván donde se guardan las escobas y los traperos, me acuerdo de mis juegos con Picata, mi amiga imaginaria cuando niño. Allí me escondía con ella, qué linda era. Algunos cucarrones que yo recogía en el patio, los colocaba en fila para que les pusiera nombres y les conversara. Nos encantaba estar ahí porque nadie nos veía; y, si alguien llegaba a abrir la puerta quedábamos ocultos detrás, protegidos por la oscuridad. Preciso hoy que volví al desván, me encontré con una anciana canosa y arrugada que no reconocí de entrada, pero luego supe que era Picata porque sacaba cucarrones de sus bolsillos.
José Luis Velarde
25 de Abril 2017 / 11:39

SELECCIONADA 2 DE ABRIL El regreso / Esleongo 25 de Abril 2017 / 11:39
José Luis Velarde

 

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