El amor no es para mí, decía Paco a sus amigos todo el tiempo. —Soy sedentario, ávido lector, cultivo mi huerto y así soy feliz —afirmaba. Entonces apareció Valentina, amante de la vida al aire libre, triatlonista y antropóloga. Con el tiempo, pocas veces se le hallaba en casa, los libros se empolvaron y el huerto se convirtió en una selva, donde la gente del pueblo afirma haberlos visto corretear como Adán y Eva.
Septentrión
15 de Noviembre 2016 / 01:34

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