Menos el interesado, estábamos todos de acuerdo. Sobre todo ella —la madre— que deseaba que yo fuera su nuera, y yo, que moría por cumplir su sueño.
Con sutiles indirectas primero, y después sin disimulo, “mi suegra” dejó bien clara su predilección ante su único hijo. Ermitaño y ajeno a nuestros planes, él se encerraba en su cuarto a añorar a su amor, que tampoco le correspondía.
Ya se le iba a pasar, era cuestión de tiempo. Pero el tiempo no alcanzó, y la complicidad devino en desconsuelo por ese amor en común que nos dejó imperdonablemente pronto.

Telares
16 de Noviembre 2016 / 05:22

AQUELLOS OJOS VERDES 16 de Noviembre 2016 / 05:22
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         Taller día 1618 de Noviembre 2016 / 03:14
         José M. Nuévalos
                  Gracias, Josep.18 de Noviembre 2016 / 07:48
                  Telares

 

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