El patito era de goma, estaba sucio y tenía los ojos despintados. Sin saber por qué lo recogió del montón de basura y se lo llevó a su casa. Y lo lavó y le pintó los ojos. Al otro día, al sonar el despertador, sintió como unas manos lo agarraban del cuello, lo conducían fuera de la casa y lo dejaban quién sabe dónde. Se sentía sucio y no podía ver. Entonces quiso pedir ayuda, pero lo único que consiguió articular fue un triste y solitario “¡Cuac!”.
Spectrum
02 de Junio 2017 / 21:45

Patitos 02 de Junio 2017 / 21:45
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         Seleccionado 2 de junio 2017 Patitos / Spectrum04 de Junio 2017 / 21:02
         José Luis Velarde

 

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