Como todos los sábados vas al supermercado. Sacás la lista y comenzás a llenar el carrito: yerba, azúcar, café, almendras, espaguetis… De pronto mirás el carrito y ves un patito de goma entre el resto de la mercadería. Te rascás la cabeza y lo dejás junto a las latas de arvejas. Proseguís: papel higiénico, jabón tocador, champú…, y otra vez descubrís al patito dentro del carrito. Abandonás al intruso junto a las cremas de enjuague y, aunque te faltan bastantes productos que tachar de la lista, enfilás hacia la caja registradora. La cajera va pasando parsimoniosamente la mercadería, y al cabo te dice:

—¡Lo siento, pero no puede llevarse el patito!... No tiene código de barras.

Entonces te sube la sangre a la cabeza.

—¿Qué? —gritás—. ¿Usted me está tomando el pelo? ¿Cómo se atreve? —y le largás una perorata interminable.

Enseguida acude el gerente, quien, para congraciarse con los demás clientes, te regala el patito. Sonreís. Pero al llegar al auto, el patito se baja del carrito y retorna al supermercado.

—¡Disculpe! —se voltea a decirte—, pero yo también tengo derecho a cambiar de opinión.
Persephone
11 de Junio 2017 / 21:33

Volubles 11 de Junio 2017 / 21:33
Persephone
         Re: Taller19 de Junio 2017 / 15:21
         carlos bortoni

 

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