Mamá dice que tengo pájaros en la cabeza, pero no es cierto. Tengo patitos; patitos de goma que juegan conmigo en la bañera, en los charcos que se forman en el patio cuando llueve, o en el lavamanos mientras me cepillo los dientes. Creía que nadie más que yo podía verlos, hasta que, el otro día, Esteban metió su mano en mi cabeza y me sacó un patito. Dejé que jugara con él, pero cuando le pedí que me lo devolviera, se negó. Entonces le dije a mamá que me daba miedo de que a Esteban se le echara a volar mi patito. Ella cerró la notebook, y, acto seguido, me mandó a por él.

—¡Regresale a tu hermana el patito! —le ordenó, a la vez que le guiñaba un ojo.

Y al contrario de lo que yo esperaba, él ni siquiera protestó. Pero de repente, mamá, bajo la influencia de su condición de escritora realista, me dijo: —Cariño, ¿entendés que lo de pajaritos en la cabeza…

—¡Patitos, yo tengo patitos!

—… bueno, patitos, es sólo una metáfora?... Amén de que si fueran de goma, ¡no podrían estar vivos!

—Sí, mamá —le respondí, apretando las manos, mientras Esteban se jactaba del huevo que había puesto mi patito.
Spectrum
18 de Junio 2017 / 03:05

Versus 18 de Junio 2017 / 03:05
Spectrum
         Seleccionada24 de Junio 2017 / 06:57
         Carmen Simón

 

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