Aprovechaban el cambio de la guardia para acercarse a la alambrada del campo de concentración. Un día, un potente foco los delató y el traqueteo de las ametralladoras terminó con esas visitas furtivas, mientras él, bajo el peso de la estrella amarilla y ella, hija de la cruz gamada, se juraban amor eterno.
Crispín
17 de Noviembre 2016 / 01:53

Nada podrá separarlos 17 de Noviembre 2016 / 01:53
Crispín

 

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