Día 1 (Tallerista: Elisa de Armas)

El juego (por Black dot)
—Mira qué bonito se siente — me dijo.
Metió la mano en mi pantalón y comenzó a acariciarme. De pronto sentí cosquillas, pero no las cosquillas que mi madre o mi padre me provocaban. Estas salían de otra parte, como si vinieran de un lugar caliente y húmedo.
—No le vayas a decir a nadie, ni a tus papás —me pidió.
—No, a nadie —contesté, pero ella me hizo prometer.
—Lo juro por Diosito que está en el cielo —dije apresurado para poder continuar.
Después cada día, en cuanto llegaba de la escuela y Cande se desocupaba, nos íbamos a esconder al cuarto de servicio que está detrás de la casa.
Fue cuando cumplí trece años que la encontré escondida en el cobertizo del jardín con mi hermano menor. Él prometía que no le diría nada a nadie mientras ella le prodigaba sus deliciosas caricias.


Día 2 (Tallerista: José Luis Velarde)

El regreso (por Esleongo)

Cada vez que abro el desván donde se guardan las escobas y los traperos, me acuerdo de mis juegos con Picata, mi amiga imaginaria cuando niño. Allí me escondía con ella, qué linda era. Algunos cucarrones que yo recogía en el patio, los colocaba en fila para que les pusiera nombres y les conversara. Nos encantaba estar ahí porque nadie nos veía; y, si alguien llegaba a abrir la puerta quedábamos ocultos detrás, protegidos por la oscuridad. Preciso hoy que volví al desván, me encontré con una anciana canosa y arrugada que no reconocí de entrada, pero luego supe que era Picata porque sacaba cucarrones de sus bolsillos.


Día 3 (Tallerista: Juan Manuel Montes)

Castillos de arena (por Black dot)
Luisito estaba lleno de planes, cuando sea grande quiero ser astronauta, jugador de fútbol y bombero, decía. En sus primeros años de vida Poco cambiaron los sueños. En ocasiones el ser bombero lo cambiaba a ser policía. Era feliz y sin preocupaciones.
Ese hombre con los cabellos pegados por la mugre, la ropa hecha girones, zapatos rotos y que apesta a suciedad y orines, alguna vez estuvo muy cerca de ser un astronauta, un jugador de futbol, un bombero...


Día 6 (Tallerista: Daniela Truman)

Toda una vida (por Esleongo)
Cuando nació, era un anciano arrugado de 90, con alzaimer, casi ciego y paralítico, abrazado a su almohada. Al pasar los años fue recuperando su movilidad y sus sentidos mientras desaparecían las canas. Cuando cumplió los 50 ya era de 40, y en la adolescencia se le veía como un joven lleno de historia y conocimientos, avanzando hacia la niñez, tiempo en que se sacaba los mocos. Por último, se hizo un bebé de pañales y biberón. Murió siendo espermatozoide, arrugado y abrazado al óvulo.


Cambios (por Blak dot)
Sin darse cuenta Luis ha sufrido un cambio. Lo que antes le parecía extraño y hasta repugnante ahora le comienza a intrigar. A Laura, la vecina con la que jugaba al futbol y a las escondidas, le empieza a florecer algo en el pecho. A él en cambio la comezón entre las piernas y esas súbitas erecciones que experimenta no lo dejan en paz.


Enmascarado (por Malvadisco)
El hijo mayor recibió una máscara por su cumpleaños. Entre miradas de envidia, se probó el obsequio. Alborozado, fue a mostrársela a los niños de la plaza que, a rostro descubierto, debían enfrentar el próximo ataque con gas sarín.


Día 7 (Tallerista: Carlos de Bella “Sapo” )

Parvulitos (por Crispín)
Se negó a hacer el dictado y lo castigaron a escribirlo cien veces.
Cuando el maestro leyó en cada una de las líneas “mi mamá no me ama, yo amo a mi mamá”, llamó a su madre, que no acudió.

Tiro al blanco (por manlyf)

Eran dos niños que aprendieron a jugar juntos. Todo lo sentían como un carrusel, una noria, una montaña rusa, creyendo que la vida era un juego. Los años pasaban y ellos se negaban a crecer. Cuando cumplieron once años decidieron el que sería el último juego.

La niña de fuego (por Circe)

Las niñas obedecen a lo que se les manda, por eso repasa concentrada las indicaciones que le dieron los señores: entrar en el mercado por la puerta lateral, acercarse al puesto más concurrido y hacer una señal con la mano para que sepan bien dónde está. Miradla. Ahora avanza entre los tenderetes sin llamar la atención, muy derecha, intentando que no se le clave ese cinturón tan incómodo que le ajustaron bajo el khimar.

Fe (por Marcial)
Cada vez que el niño salía a la escuela, su madre lo persignaba.
— ¡Vaya con Dios!
Eso hasta que un día no regresó.


Día 9 (Tallerista: Lucía Casas Rey)

Mary (por Wolf)
La niña está sentada sobre la cama. A su lado, Mary le hace compañía. La madre le ha dicho que se arregle, que van a salir y que no van a volver. La niña no entiende lo que quiere decir con que no van a volver, si siempre que salen, aunque vayan muy lejos, como cuando fueron a visitar a la abuela, siempre vuelven. Hay muchas cosas que la niña no entiende, pero no se preocupa, porque sabe que su mamá siempre vela por ella. Lo único que tiene que hacer ahora es arreglarse para salir. Pero primero debe poner linda a su Mary. Para ello elige un vestidito largo a cuadros, un pañuelo floreado para el cuello y dos anillitos de cristal. Luego la peina amorosamente y va a buscar las botitas azules que guarda en el ropero. Entonces entra su mamá con una valija, toma de la mano a la muñeca y le dice: “¡Vamos, Angélica!”. Pero la mano libre de la muñeca se enreda con las sábanas y retiene a la mujer. La atribulada madre se percata de su distracción y abraza entre lágrimas a la niña. Y la niña, que también llora, acaricia la cabeza de su mamá, y ve —si bien de grande se convencerá de que creyó ver— cómo Mary le guiña un ojo.


Día 10 (Tallerista: Dakiny)

Dormir en paz (por Eneas)

Me pidió que le contara un cuento.
—Hubo una vez una niña princesa... —comencé.
Su rostro descarnado me sonrió.


Inocentes (por Black dot)

Salen por la noche, solos, en la obscuridad, caminan tomados de la mano y a paso muy lento, en ocasiones corren. Juegan al rehilete, a las adivinanzas, al avión con los brazos extendidos y dejándose ir en picada para salvarse en el último segundo. Antes del alba les gusta esconderse detrás de las cruces y de las piedras que llevan su nombre y la fecha en la que perecieron.

Sus juguetes favoritos (por Aarón)


Nadie midió las consecuencias. Además de incrementar su colección de rompecabezas, aquel año Santa Claus añadió “El maletín del cirujano Chico” a los regalos para el pequeño Jack.


Día 11 (Tallerista: Carlos Bortoni)

Bajo la manga (por Eneas)
Aquella noche, cuando salieron los monstruos que viven bajo su cama, el niño del pijama blanco descubrió que podía atravesar las paredes y escapó de la habitación.


Soldaditos de guerra (por Gata Blues)
Éramos infantes reclutados en la infantería. Totalmente desarmados.

Gringo pobre (por Malvadisco)
Tras el abandono de sus padres, la nueva familia le ofreció un hogar lejos de la casa remolque, la comida chatarra y esa jerigonza que llamaba inglés. Mientras los suyos no podían cuidar de él, aquellos prósperos inmigrantes se daban el lujo de elegirlo como hijo por sus ojos azules y la piel de alabastro. Indignado, Clayton practicó un pasatiempo sureño y quemó la cama donde dormía la pareja de méxico-americanos.


Día 12 (Tallerista: José T. Espinosa-Jácome)

El mago de los cuentos (por Eneas)
Los niños reían al ver que el mago, en lugar de sombrero, tenía un libro sobre la cabeza. Pero la risa se volvía admiración cuando, a cada orden suya, salían de entre las páginas conejos, palomas, elefantes, niños...


Día 13 (Tallerista: Laura Elisa Vizcaíno)

El santito (por Black dot)
Lo venían a ver de lejos y cerca. Ricos y pobres se sentaban juntos y le pedían todo tipo de cosas; trabajo, dinero, salud, amor, sacarse la lotería, hasta tener un pene más grande o los pechos menos diminutos. El niño los oía con infinita paciencia, pero como todos los pequeños del mundo, no hacía caso a los ruegos de los mayores.

Vestigios (por Aarón)
Tras los primeros indicios, alguien debió preverlo. Los regueros de serrín y el meticuloso desmembramiento de las muñecas de su hermana, vaticinaban la futura carrera del pequeño Jack.


Día 14 (Tallerista: Mónica Brasca)

La casa del abuelo (por Eneas)

Tengo dos nietas a las que quiero mucho. Cada mañana, mientras voy de aquí para allá preparando el desayuno, escucho:
—¿Cómo amaneciste?
—Muy bien, prima, ¿y tú?
—¡Mejor que nunca!
Y por ese rumbo va siempre la charla.
Cuando el reloj cucú de la sala me trae de vuelta a la realidad, les digo:
—Niñas, se hace tarde y debo ir a trabajar; por favor, salgan ya de mi corazón.



Fuente inagotable (por Black dot)


El patrón lo manda al Mocho a los lugares más jodidos. “Ahí te vas a encontrar a la bola de chamacos muertos de hambre; les ofreces unos cuantos pesos, les das el juguetito y la foto. No se te olvide explicarles bien todo. Cuando terminen el trabajo, recoges lo que les diste y, si les vieron la cara, te los llevas a un lugar seguro y terminas con cualquier contratiempo que nos puedan causar”.
El Mocho escucha atento las instrucciones y se marcha. Nadie sabe que él empezó así también: el patrón se le acercó un buen día, le dio mil pesos de aquellos tiempos, le puso en la mano una foto con la cara del fulano aquel y la pistola. De aquello hace ya tantas muertes.


The Nanny (por El Gato)

De entre todo su arsenal de juguetes, mi niño Donaldo prefería los tanques de guerra, aviones caza, submarinos con torpedos y ejércitos de soldaditos. Lo sé porque yo recogía su tiradero antes de bañarlo. Ya en la tina, él ponía mi mano en su pene para que lo sobara hasta calmarlo.



Papá no es un ejecutivo (por Aarón)


Su madre lo endulzó mientras pudo, pero a los once comenzaban a doler las reiteradas alusiones de los demás, la ausencia de amigos o que todos —pequeños y grandes — torcieran el gesto a su paso. El oficio de su padre no era funcionario Ejecutivo, como decía mamá, sino funcionario Ejecutor.
Ser hijo del verdugo le reveló tres certezas: que no gozaría de una vida social muy activa, que la sombra de la horca es alargada y que estaba predestinado cuál sería su futuro empleo.



Una nueva oportunidad (por Malvadisco)

Le dio lástima ver en la televisión aquellas caritas inconsolables, sucias de hollín, emergiendo de entre las ruinas de la ciudad bombardeada. Conmovida, acogió un huérfano de guerra en su casa. Juró criarlo con mucho amor y no volver a cometer los mismos errores que la persistente tos de su hijo Pablo le recordaba todas las noches.
Con mucho pesar, como era rutina, salió a la puerta de su casa y lo roció con agua helada para que buscara algún otro portal donde drogarse.



El francotirador (por Chester Truman)


Ya de pequeño era un niño inquietante, de esos que te fulminan con la mirada.


Día 16 (Tallerista: Josep M. Nuévalos)

Educación infantil (por Marjorie)
Los lunes antes del recreo juegan a los acertijos.
—Adivina, adivinanza,
¿cuál es el bicho
que te pica en la panza?
Hoy, cosa rara, no responde Eva, de mejillas de manzana; ni Magdalena, la primera que aprendió a leer; ni Eloy, el que mejor suma. Hoy levanta su mano Manolito Martín, el del chándal roto y las rodillas costrosas.
—¡Es el hambre, seño! —grita su vocecita delgada.
Los demás rompen a reír. Ese Manolito... ¿Cómo va a ser el hambre un bicho que pica?


La banda (por Black Dot)
Los niños empiezan a juntarse detrás del muro abarrotado de grafiti, que da al canal de aguas negras. Esperan ansiosos la mano que saque el desarmador para abrir las latas. El líquido amarillo y espeso es depositado en las bolsas de plástico que cada uno ha conseguido. Después, mientras inhalan y el solvente en el pegamento se evapora en su cerebro, se derrumban y comienzan a experimentar ese estado de inconsciencia en el que parecen auténticos recién nacidos.


Canción de la niña enamorada (por Regaliz)
Me revienta porque cuando empezamos con “a la lata, al latero”, Jorge la tomó de la mano a ella, que no es ninguna hija de chocolatero, como yo, que mi papá sí tiene un quiosco y que mañana podría traerle los chocolatines que él quiera: blanco, negro, relleno y bananita Dolca, si quiere. Y dale, ella contenta, se pone colorada, lo mira a los ojos y le dice: “chocolate, molinillo”, y él le contesta “corre, corre, que te pillo”. Pero ella no corre nada y se queda quietita para que él la agarre mejor todavía. Para colmo, me duele la panza, me cayó mal la chocolatada con maicena y la torta con merengue de la mamá de la pillada esta. Ya sé que es su cumpleaños y a lo mejor por eso Jorge la eligió para empezar el juego. Y todos como unos tontos, pendientes de ellos dos. Ya va a ser mi cumpleaños y lo voy a elegir a Jorge de compañero, y yo voy a decir a qué vamos a jugar. Si mi mamá me hace fiesta, y si vienen, porque como cumplo el 31 de diciembre, mi mamá dice que no hay nadie y que lo vamos a festejar más adelante. Y después se olvida y cuando le pregunto me dice que están todos de vacaciones, y después que en marzo mejor no, porque empiezan las clases. ¡Ay, cómo chilla la gritona esta!, otra vez con la lata y el latero. No soporto escucharla. Leruleru, leruleru. No te oigo, no te oigo, no puedo, ¡no quiero!


Voz angelical (por Malvadisco)
Le dijeron que se convertiría en un ángel del coro de Cristo. Pero para ello tenía que ser siempre un niño. Lo sumergieron en un baño helado y el escalpelo cortó los conductos de su hombría. Transcurrido el tiempo, la entrepierna del castrati se volvió seca e infértil, pero las cuerdas vocales permanecieron en una eterna infancia de tonos altos y femeninos, tal y como le gustaba al Papa.


Jugar de ventaja (por Eneas)
No le corre ninguna prisa por abrir el rompecabezas que le compraron. Él quería un carro de control remoto, pero eso de sacar buenas calificaciones, portarse bien y ayudar a mamá en los quehaceres de la casa, definitivamente, no es lo suyo.
—¡Promesas son promesas!—le recuerda papá.
—Deberías de tomar ejemplo de tu hermanito —lo reconviene mamá.
Luisito no responde, rasga la envoltura de la caja y sonríe, ni siquiera está molesto. Se siente afortunado de tener un hermano gemelo al que le dan lo que pide, y que cuando están los dos solos es muy compartido.



Día 18 (Tallerista: Carmen Simón)

OFICIO DE FAMILIA (por Black dot)

El viejo Ramírez ha hecho este trabajo toda su vida, lo aprendió de su papá, quien a su vez aprendió del suyo los detalles más delicados. Sube a la sierra y visita los pueblos más pobres para comprar su mercancía que luego baja a vender. Ofrece más dinero conforme más tierno es el fruto. Para negociar, promete que él mismo se hará responsable de todos los gastos que pudieran resultar, incluido el transporte, EL mandar dinero cada quince días y visitar a la familia para traerles novedades. Así los padres acceden dejar ir a sus niños que, luego, Ramírez ofrece a las madrotas y padrotes, su fiel clientela.


LAS DOS CARAS DE LA VENTANA (por Persephone)

Dicen que nunca pasa nada interesante en los pueblos de provincia, pero se equivocan. En el mío llevamos trece meses de invierno. Al principio la gente no le daba importancia —«el cambio climático», decían a modo de chanza—, pero ahora hace tiempo que no hablan de otra cosa. Se preguntan si en el resto del país sucederá lo mismo. Nadie lo sabe. La televisión, la radio, internet, todo está fuera de servicio. Hay quienes proponen mandar voluntarios a las localidades vecinas, pero en cuanto alguien se aleja del pueblo, se enfrenta a un clima por demás crudo. Tan solo a un par de kilómetros, la nieve se extiende como un mar blanco. No hay vehículo ni piernas que lo resistan. Aun así, la nieve nos sigue resultando ajena…
Suspiro, dejo el lápiz anclado entre números, y miro a través de la ventana. Entonces mamá cierra la Biblia, y me pregunta, con voz fingidamente luminosa, si necesito ayuda. Con entusiasmo, le digo que sí. Ella me explica cómo resolver las divisiones con decimales, y mientras tanto, ya no piensa en el frío, en la falta de provisiones, en ese viento ronco que la desvela. Y sonríe.


UN DÍA DE TRABAJO CON PAPÁ (por Ángel azul)
Hoy comienzan las vacaciones y estoy emocionado; mi corazón retumba como si anduviera salta y salta dentro del pecho. La casa huele toda a café y pan recién horneado. A mí no me gusta el café, pero me encanta sentarme en las piernas de papá para que me convide.
Mientras vamos caminando, papá me dice que si tengo dudas, pregunte.
-Papá, ¿somos gigantes?
-¿De dónde sacaste semejante idea, chiquito? -replica mientras esparce las nubes, pule los anillos de Saturno o pone más color naranja al Sol.


Día 20 (Tallerista: el aguila descalza)

Jugar a las escondidas (por Black dot)
Mbele acaba de cumplir nueve años, pero sus responsabilidades lo han hecho crecer rápido. Él y todos sus amiguitos deberían de estar jugando al escondite en lugar de estar aquí; callados y quietos, ocultos entre la maleza en una nerviosa espera, hasta que oyen pasar los camiones repletos de soldados y entonces abren fuego con esas metralletas que apenas logran controlar.

Testas coronadas (por Malvadisco)
Cuando alguno de aquellos niños deformes reclamaba, entre balbuceos, su derecho a gobernar, le colocaban la corona real en la cabeza. El peso del oro con los diamantes, zafiros, granates les resquebrajaba los cráneos endebles y abollados, producto del choque entre sangres iguales: la de la madre reina y la de su tío, el rey.



Gral Macario Piedra
05 de Julio 2017 / 16:03

Recopilación de abril de 2017 05 de Julio 2017 / 16:03
Gral Macario Piedra

 

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