Los soldados del enemigo entran en batalla con una sonrisa envenenada. Han pasado la noche previa de juerga entre rameras. Pero estas mujeres no son cualquier mujer, son clones. Clones de mi madre. A lo largo de esta guerra he presenciado muchas crueldades, pero ninguna tan innoble. Vileza con vileza ha de pagarse. Ya no se trata de producir la mayor cantidad de bajas en el enemigo, o de tomar alguna luna o planeta estratégico. Desde hace un mes he dado la orden de capturar vivo al mayor número de tropas posibles. Hacer que se enfrenten a mí, cara a cara, y preguntarles si se han acostado con los clones de mi madre. Algunos bajan la mirada, otros sonríen con aires de superioridad y desprecio. Los menos, lo niegan. No importa. El visor de recuerdos los delata. A los que están libres de culpa, los enviamos a un campo de prisioneros, donde pasarán el resto de la guerra cómodamente. A los otros, lo devolvemos con los suyos, mutilados.
Alarcón
18 de Julio 2017 / 20:58

Días antes del fin de la última guerra estelar 18 de Julio 2017 / 20:58
Alarcón
         Taller24 de Julio 2017 / 07:55
         Carmen Simón

 

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