Primero pensamos que era la mano de dios la que se llevaba a nuestros amigos y vecinos durante la noche. Después comenzaron a desaparecer a toda hora. Los rumores eran diversos: “los secuestraron porque querían dinero fácil; se los llevaron porque andaban en algo sucio; eran unos vagos, algo habrán hecho”.
Más adelante, cuando íbamos a denunciar al cuartel de policía que nuestros familiares se habían esfumado sin dejar pista, nos salían al paso sujetos mal encarados, de voz áspera y de botas pulidas. “Dejen de buscar, si no quieren encontrar algo peor” vociferaban para luego alejarse, prepotentes como un ejército de ocupación que trata de erradicar al enemigo.
Mónica Brasca
31 de Julio 2017 / 06:40

Selección del 14 de julio: Guerra sucia, de Black Dot 31 de Julio 2017 / 06:40
Mónica Brasca

 

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