—Algún día me casaré con esta preciosidad— exclamó el padrino de bautizo, un ingeniero agrónomo de casi cuarenta años, cuando tuvo en sus brazos a la pequeña hija de uno de los agricultores a los que asesoraba. Todos rieron ante aquella broma y aunque meses después fue trasladado a otro sitio y desapareció sin dejar rastro, aquella anécdota sobrevivió por años en el pueblo.

—Vengo a cumplir una promesa que le hice a mi ahijada —dijo el hombre cincuentón que se presentó un día a la puerta de una humilde vivienda diecisiete años después. Unas semanas después se celebraba la boda.

—Esa es la historia de mis padres — expresó Marcela, a quien conocí veinte años después. Ella y sus dos hermanos, son el testimonio de una sólida y hermosa familia que su padre, un hombre para entonces bien entrado en sus setentas, había formado con aquella bella y aún joven mujer, su ahijada, quien podría haber sido su nieta.

Hebdomadario
05 de Noviembre 2016 / 15:01

Nov. 3 - Tres momentos 05 de Noviembre 2016 / 15:01
Hebdomadario

 

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