Desenrolla el pene de su cintura y se dirige a cazar a la ninfa del bosque. La dríada se ríe del cuerpo velludo y las patas invertidas del monstruo y se sube a un árbol para evitar ser atrapada por la soga fálica. Aunque de pene flexible y largo, el cuerpo forjado en una sola pieza, le impide al engendro ascender por el tronco. La punta del miembro solo alcanza a tocar el sonrosado piececillo que se repliega ante el toque viscoso. Avergonzado, huye y no se sabe de él hasta que, a la mañana siguiente, se anuncia que ha muerto ahorcado. Conmovida al verlo colgado de una rama con varias vueltas del pene arrollado a la garganta, la ninfa lo transforma en un bejuco que, hasta el día de hoy, los hombres usan para tratar sus deficiencias eréctiles.
Malvadisco
14 de Agosto 2017 / 23:59

Kurupí 14 de Agosto 2017 / 23:52
Malvadisco
          Por favor, tomar en cuenta esta versión14 de Agosto 2017 / 23:59
         Malvadisco
         Taller17 de Agosto 2017 / 12:09
         Mónica Brasca

 

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