El barco se acerca a las islas rocosas y Ulises canta muy mal, no puede usar su voz como Orfeo para acallar las melodías de las sirenas, pero como quiere escucharlas, decide ser atado al mástil y que sus tripulantes lleven tapones de cera en los oídos.
Saben que el sonido seductor obliga a los marineros a tirarse por la borda y morir en la isla.
Anochece mientras los remeros aumentan la velocidad de las paladas, un sonido suave camina sobre la niebla y trepa a la embarcación, se extiende por la cubierta y se enreda en las piernas de Ulises provocándole una erección. Está fuertemente atado y aunque lucha, no consigue liberarse.
Piensa – Pasaremos - levanta la mirada al cielo rojizo y entrevé a unos seres alados que con gran ruido se plantan delante de él. Son aves grandes con el torso de mujer con los senos desnudos y de pelo largo y gran belleza.
Dos sirenas le mordisquean los pezones mientras una tercera le ha arrancado el taparrabos con los dientes, le lame con la lengua y cuando está lo suficientemente excitado se lo introduce en la boca. Detrás, un coro seduce al compás
Ulises está a punto de explotar – Con esto no contaba – igual que sus guerreros, que han dejado los remos hacia arriba, como los falos y están todos dándole al manubrio.
Las ánforas de vino se vacían, la orgía continua, menuda odisea, Penélope tendrá que esperar un poquito más.
TARAS VULVA
15 de Agosto 2017 / 04:57

MENUDA ODISEA 15 de Agosto 2017 / 04:57
TARAS VULVA
         TALLER (Seleccionada)23 de Agosto 2017 / 05:51
         Sergio Patiño

 

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