Al pasar la mano por la hornacina, Tiberio tira al suelo las figurillas de terracota de Lares, Manes y Penates, que se hacen añicos. Recoge la única indemne, un Príapo de bronce. Le recuerda las orgías de sexo, dolor y sangre con esclavas y jovencitos, en las que era incansable. Ahora solo confía en el único Dios que puede salvarlo, cuyo descomunal falo acaricia bajo su manto, mientras sestea en el jardín de la villa de Capri.
Mónica Brasca
25 de Agosto 2017 / 11:55

SELECCIÓN DEL 14-08: C´EST FINI, de Taras Vulva 25 de Agosto 2017 / 11:55
Mónica Brasca

 

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