Tras superar todas las barreras generacionales, de estatus, ideológicas y culturales, se entregaron con esmero a cumplir cada cual con su rol dentro de la pareja como marido-profesor y esposa-alumna. Pasado un tiempo, llegó el momento indefectible en el que todo discípulo debe traicionar a su maestro. Y el verso se hizo prosa, los gritos se alzaron sobre los susurros y se impuso un léxico repleto de iteraciones, que siempre, siempre, terminaban por rimar con Puta.
Aarón
19 de Noviembre 2016 / 06:09

Facultad de Filología 19 de Noviembre 2016 / 06:09
Aarón
         Aarón, Ud conoce de mi devoción por el humor...19 de Noviembre 2016 / 14:49
         SAPO
                  Don Sapo, también Vuecencia conoce cuánto respeto... 19 de Noviembre 2016 / 23:27
                  Aarón

 

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