Convencido de que iba a obtener la mejor película XXX, el productor arriesgó su fortuna para contratar a la bella y exuberante Marilyn y al actor más guapo y mejor dotado de Hollywood, Rock Hudson. Los rodeó con la mejor escenografía y la luz adecuada. El resultado fue pura actuación, estéticamente hermoso, sin una gota de erotismo. Furioso, abandonó el set, pero nadie se ocupó de apagar la cámara. Allí se registró entonces la verdadera acción: él aullaba montando al sonidista y ella junto a la maquilladora, alcanzaban orgasmos al unísono.
Mónica Brasca
25 de Agosto 2017 / 12:00

SELECCIÓN DEL 14-08: Compatibles, de Rospo 25 de Agosto 2017 / 12:00
Mónica Brasca

 

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