–––¡Auxilio!
–––Deseo tener un viaje místico y misterioso contigo –donde me des una probadita de miel– Tú puedes conducir mi carro. Quiero apretar tus manos por Obladí y por Obladá. Me gustas demasiado. Escárba, y verás unas monedas en el callejón. Como no soy el tonto de la colina cuando regreses a casa verás que cada pequeña cosa nos hará girar y gritar:
–––¡No hay miseria! –Me dirás:
–––¡Soy virgen! –Te contestaré
–––¡Ya no tengo gatito! –Declararás
–––¡Estoy en cadenas! –Me escucharás proclamar.
–––¡Tengo al diablo en mi corazón! –Atestiguarás.
–––¡Etcétera! Pero… ¡Regresa! –Alegaré
–––Ámame como anoche, que estábamos sintiendo como si nos arrastrara un potrillo. –Rogaste rebosante de alegría.
–––¡Ya que no puedes comprar mi amor, estréchame –porque tú– sabes qué es todo lo que necesito!

–––¡Todas las multitudes tienen algo que ocultar, menos mi kimono y tú! –Y así, diste por terminada la declaración.
Testigo de cargo
15 de Septiembre 2017 / 10:49

¿Quieres saber un secreto? 15 de Septiembre 2017 / 10:49
Testigo de cargo
         Taller20 de Septiembre 2017 / 00:59
         Mel

 

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