Lalito tenía una habilidad especial de hechicero: toda pieza artística que recitaba (canciones, poesía, diálogos de telenovela) se tornaba misteriosa invocación cuando las palabras bebían de la saliva en su boca. Tuvo una etapa de empedernido sesentero en la que le dio por entonar aquella balada suavecita acerca del mirlo que canta en medio de la noche. Destino inevitable: a fuerza de repetirla se le apareció un mirlo malherido en su ventana. Lalito lo comandó al vuelo a pesar de las alas rotas. El mirlo, en efecto, voló y atravesó sin darse cuenta un portal nocturno, resabio del encantamiento. El pajarraco aterrizó en otra ventana de dos siglos atrás y, como estaba abierta y había chimenea, quiso entrar a reponerse del tremendo ajetreo. Se posó sobre el busto de Momus, dios de la burla, que decoraba el escritorio de un poeta. El poeta lo miró, dejó de arrancarse los cabellos que en su desesperación sacrificaba a las musas frígidas y concibió una idea fenomenal. Cambió al mirlo por un cuervo, porque le pareció de mejor gusto. También hizo otros arreglos a su poema.
Laura Elisa Vizcaíno
28 de Septiembre 2017 / 21:08

Selección día 13 "Momus" de Virginia Laforet 28 de Septiembre 2017 / 21:08
Laura Elisa Vizcaíno
         Selección día 13 "Eleanor Rigby" de Meminero28 de Septiembre 2017 / 21:10
         Laura Elisa Vizcaíno

 

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