Todos los días, a la hora de cerrar el museo, los turistas se marchan luego de observar las estatuas de arriba hacia abajo, de frente y por detrás, y de hacer comentarios de toda índole. Las esculturas siempre ansían que llegue ese momento, pues han permanecido varias horas inmóviles, como petrificadas. En la intimidad, bajan de sus pedestales; ya no imitan a personajes de la historia, ni a dioses, ni a modelos. Se relajan, estiran sus músculos, hacen flexiones, coquetean unas con otras, hasta tienen sexo. Las he visto muchas veces cuando subo a su piso para hacer la ronda. La última vez me sorprendieron y desde entonces toman sus precauciones: apenas cierran, se disfrazan de fantasmas y no puedo verlas.
Dakiny
27 de Noviembre 2017 / 13:23

Selección día 10.- Noches de recreo de eselongo 27 de Noviembre 2017 / 13:23
Dakiny

 

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