Los honorarios

Trajeron el cajón rustico, forrado de tela blanca; aún olía a pino. La tapa estaba atornillada de modo que nadie la pudiera abrir. Lo depositaron en el centro de la sala de la casa sobre cuatro sillas. Alguien hizo una cruz con cal debajo del ataúd y se encendieron veladoras. Los vecinos pidieron al cura de la Santísima que viniera a bendecir el féretro y a orar por el descanso del difunto. Cuando el padre terminó de rezar se acercó a la mujer del muerto.

—¿Quién me paga? — preguntó.


La viuda contuvo su llanto unos segundos, buscó a su marido y, al no encontrarlo, meneó la cabeza en gesto negativo, pero el dolor la volvió a invadir y ya no pudo contestar.
Dakiny
05 de Enero 2018 / 11:14

Selección dia 10. Los honorarios de Black dot 05 de Enero 2018 / 11:14
Dakiny

 

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