«Aquí yace Miguel de Cervantes». Así rezaba la leyenda, grabada por un buril inexperto en la parte posterior de una antigua lápida, descubierta en un pueblo de cuyo nombre no consigo acordarme.
En realidad, el Alcalde la había tallado en su granja, y así consiguió que abrieran hoteles, restaurantes y negocios, un museo temático y una biblioteca especializada, que atrajo innumerables turistas.
Todo iba bien hasta que, una noche tormentosa, se oyó un gran estruendo, y un caballero, lanza en ristre, destruyó la tumba, volvió a la biblioteca y entró en el capítulo octavo, que cerró su fiel escudero.
Crispín
13 de Enero 2018 / 11:39

Fraude 13 de Enero 2018 / 11:39
Crispín
         Taller20 de Enero 2018 / 23:44
         Laura Elisa Vizcaíno

 

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