Jurado del mes: Patricia Nasello
Tema: "Negó con la cabeza y esa fue toda su respuesta".

Día 1. Tallerista: Elisa de Armas
"Primer amor", de Patricia Redondo
Se la entregaron nuevecita. ¡Y era tan hermosa! Sin embargo, casi desde el primer día, notó que las cosas no iban a marchar como él había imaginado. La muchacha era curiosa sobremanera y todo lo cuestionaba. En el fondo de sus ojos siempre había una chispita de disconformidad y su carácter tornaba a veces díscolo, cuando no declaradamente rebelde. A pesar de todo le gustaba. Adoraba el contoneo de sus caderas al caminar, el cascabel de su risa elevándose hacia las copas de los cedros, y hasta el mohín levantisco de su labio cada vez que se enfadaba. Por eso cuando ella, harta de no tener respuesta a sus preguntas, se marchó con la serpiente, a él se le opacó la mirada y su corazón enmudeció.
Cuando Dios fue a visitarlo y le preguntó si quería que inventase otro ser que le hiciera compañía, Adán negó con la cabeza y esa fue toda su respuesta.

Día 2. Tallerista: José Luis Velarde
DESIERTO.

Día 3. Tallerista: Elisa de Armas, en reemplazo de Juan Manuel Montes
"Sesión intensiva", de Black dot
Atado a la silla y con los pies dentro de la tina llena de agua, sus ojos se abrieron aterrorizados al ver el rostro de los policías. Lo habían sometido al infame pocito; le habían dado descargas eléctricas en los testículos; le arrancaron las uñas de pies y manos, pero él se mantuvo en silencio.
—¡Habla, hijo de puta! —le increpó el gordo al tiempo que le soltaba un puñetazo en la boca del estómago.
—¿Te crees muy duro, muy cabroncito? —preguntó en tono de burla el calvo del bigote.
Juan, que era mudo de nacimiento, negó con la cabeza y esa fue toda su respuesta.

"45 grados", de Chester Truman
El verdugo acaba de iniciar el movimiento descendente del hacha en dirección al cogote del reo. Él se limita a negar con la cabeza. Un gesto tan digno como inútil: no hemos vuelto a verle girar el cuello.

Día 4. Tallerista: Marcial Fernández
"Lecho de enferma", por esleongo
–Tu madrastra negó con la cabeza y esa fue su única respuesta –le expresó el notario a la hijastra en forma tajante.
–No puede ser, ella no se puede mover, está cuadripléjica –respondió ella con mucho enfado.
–Yo no he dicho que movió la cabeza. Vi en sus ojos lo que quiso decir cuando le pregunté que si te incluía en el testamento.

"Cotidiano", por Black Dot
—Dice el doctor que se nos pasó la mano con este —avisó el uniformado.
—¿Dijo algo acera de los otros que protestaban con él? —preguntó el comandante.
Negó con la cabeza.
—Entonces ya saben lo que tienen que hacer: le arrancan las huellas digitales, los dientes y lo tiran en la carretera.
Los que encontraron el cuerpo, acostumbrados a escenas macabras, no se sorprendieron por la saña con la que lo habían victimado.

Día 5. Tallerista: Lola Díaz-Ambrona en reemplazo de Víctor Antero Flores
DESIERTO.


Día 6: Tallerista: Daniela Truman
"Jara y su canto" de cero
A martillazos le destrozaron las manos, cortaron su lengua; hierro candente, electricidad sensible.
¿Te vas a callar? Gritaron los verdugos al unísono.
El negó con la cabeza...
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"El otro" de esleongo
Una mañana, al mirarse al espejo, lanzó un grito desgarrador al ver que no era él su reflejo en el cristal. El rostro aparecido era más joven y atractivo, nada que ver con el suyo. Se agarró la cabeza a dos manos, y al mismo tiempo lo hizo el otro. Aturdido, regresó a su habitación agitando los brazos y preguntándole a su esposa: ¡Amor, esto es de locos, mírame, dime que soy yo! ¡Por favor, dime algo!
Ella negó con la cabeza y esa fue toda su respuesta.
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"Reflejos" de Black dot
Malena se vio al espejo. Le pareció que apenas ayer había visto la primera arruga, el primer pelo blanco. “El tiempo pasa”, pensó y alisó el cabello con el cepillo.
Reflejado en el mismo vidrio vio a su pareja en la cama; también había cambiado. La panza protuberante, la calva incipiente, también roncaba más que antes. Sintió ternura por él, como hacia un niño o un amigo. El hombre le pidió que regresara a la cama, “quédate un rato, hagamos el amor”, le dijo.
Ella vaciló un segundo, pero pensó en el amante que ya la esperaba. Negó con la cabeza y esa fue toda su respuesta. Salió a la calle, ansiosa, como si fuera una joven otra vez aunque el espejo mostrara otra cosa.
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"Única defensa", de Gata Blues
Estas fueron las crónicas anunciadas de un reo condenado a muerte: agachar y negar con la cabeza.

Día 7. Tallerista: Carlos de Bella (Sapo)
"Interrogatorio", de esleongo
Luego de algunas averiguaciones, el fiscal le preguntó a la señora de la casa si mantenía relaciones sexuales con el hombre asesinado por su esposo la noche anterior. Escondiendo su aflicción, sonrió para sus adentros y negó con la cabeza. Esa fue toda su respuesta.

Día 8. Tallerista: Lola Díaz-Ambrona
“Un cerdo”, por Black Dot
Cuando les entregaron el cuerpo a los padres del muchacho, no les permitieron abrir la caja para verlo. —Es mejor así —dijo uno de los que acompañaban a los deudos— recuerden como fue en vida.
Los Papás de Juan el Mudo lloraban un triste y callado llanto, sollozos que escapaban de su pecho como polillas de un oscuro dolor.
Desde lejos, los policías miraban. EL Comandante Porcino, con sus ojos de rata detrás de los lentes oscuros, impávido, aguardaba para hablar con ellos. Se acercó al padre del joven difunto. —Me lo entierran rapidito —le dijo, con tono amenazante. Después se aproximó a la mamá y le apretó el brazo, —Ustedes son los culpables de que sus hijos terminen así. Enséñenles a no rebelarse —dijo. Luego, movió la cabeza en gesto reprobatorio y se alejó de ellos en silencio mientras acariciaba su pistola.
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“La posesión”, por Malvadisco.
El único testigo del pecado fue un crucifijo que se volteó de cabeza al contemplar el acto. Ante el símbolo invertido, la joven rogó por temple para decir no y, cuando el sacerdote le preguntó si estaba lista para más ejercicios espirituales, ella le dio una rotunda negativa girando la cabeza 180 grados. Ésa fue toda la respuesta a su violador.

Día 9. Tallerista: Lucía Casas Rey
DESIERTO.


Día 10. Tallerista: Dakiny
“Los honorarios”, de Black Dot
Trajeron el cajón rustico, forrado de tela blanca; aún olía a pino. La tapa estaba atornillada de modo que nadie la pudiera abrir. Lo depositaron en el centro de la sala de la casa sobre cuatro sillas. Alguien hizo una cruz con cal debajo del ataúd y se encendieron veladoras. Los vecinos pidieron al cura de la Santísima que viniera a bendecir el féretro y a orar por el descanso del difunto. Cuando el padre terminó de rezar se acercó a la mujer del muerto.
—¿Quién me paga? — preguntó.
La viuda contuvo su llanto unos segundos, buscó a su marido y, al no encontrarlo, meneó la cabeza en gesto negativo, pero el dolor la volvió a invadir y ya no pudo contestar.

Día 11. Tallerista: Elisa de Armas, en reemplazo de Carlos Bortoni

“El anciano”, de Malvadisco
Descubrió, estancada en el fondo del espejo, la imagen de muchos años atrás. El tiempo no la había deshilachado en arrugas y canas. Embelesado, el hombre le preguntó: “¿Puedo volver a ser tú?¿Puede el tiempo correr en dirección contraria?" El reflejo negó con la cabeza antes de marchitarse, corrompido por la mirada de la vejez.

Día 12. Tallerista: José T. Espinosa-Jácome
“Adios", de Black Dot
Se tiró sobre el montículo de tierra y lloró un triste, desesperado llanto. Negaba con la cabeza, aunque sabía que era cierto, su hijo yacía muerto debajo de ella. Su esposo la trató de levantar, pero se revolvió de manera que la dejaran en paz. Llamaba el nombre del muchacho, —Juan, contéstame mi niño, no me dejes con la palabra en la boca. Las personas que asistieron al sepelio, al ver esto, sentían que el dolor les apretaba el pecho. Sobre la tumba la mujer, con sus mejillas manchadas de lágrimas y tierra, se empeñaba en invocar a su vástago a sabiendas de que el silencio seria toda su respuesta.

Día 13. Tallerista: Laura Elisa Vizcaíno
"Juan" de Meminero
Danzaba como sierpe mientras se aproximaba al hombre de mirada perruna que la adoraba dócil.
—Pide lo que quieras y te complaceré —dijo. Ella le susurró y él palideció.
Una tarde roja sus deseos fueron cumplidos.
—Espero que no haya reclamos —comentó Herodes antes de dejarla.
Negó con la cabeza y esa fue toda su respuesta. Salomé, extasiada, siguió mirando cómo sus garras de marfil sostenían la bandeja con la testa temblorosa del Bautista.

Día 14. Tallerista: Mónica Brasca
“El cortejo”, Black Dot
Ya llevan la caja en andas. Mis padres marchan primero, delante de los demás deudos y conocidos. Él la toma del brazo a ella, que lleva la cara cubierta por un velo oscuro. Se oye el roce de las suelas sobre el pavimento. En ocasiones ella trastabilla, como si el dolor se le enredara en las piernas para hacerla caer. Detrás sigo yo, su hijo, que a cada paso imagino la cabeza de mi hermano muerto moviéndose de lado a lado, negándose a permanecer solo en ese eterno silencio. Como si supiera que en el cementerio espera la tumba, abierta como una boca famélica.
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“Un aliado”, de Meminero tui
Llovía y mi madre salió al patio para quitar la basura que obstruía la coladera. Corrí para ayudarla, pero en vez de alegrarse, me gritó:
—¡Anda, a tu cuarto, zopenco!
Y remató la orden con un escobazo en la frente. Todo se oscureció. Cuando desperté estaba junto a mí, parecía arrepentida.
—Lo siento, no quería que te mojaras —musitó.
—Discúlpate con Él, si quieres —refunfuñé, indicándole el crucifijo amarillento que colgaba sobre la cabecera de mi cama.
—Perdóname por pegarle otra vez, pero no entiende —dijo, y lloró con sus ojos de trapo.
Cristo, mi amigo imaginario en ese tiempo, sabía que aquel corazón anidaba bichos, y yo vi clarito cuando, dolido, negó con la cabeza.



Día 15. Tallerista invitado: Alfonso Pedraza

“Siempre a la verita tuya”, de Meminero Tui
—Ya deja de seguirme. No quiero verte más —le ordenó.
La sombra, disciplinada y feliz, negó con la cabeza y esa fue toda su respuesta.

“En playa la Perla”, de cero
Escogió la mar, así podría verla venir; sentirla entre aquella leve gravedad azul.
Una pequeña angustia y todo ha cambiado. En ese pesado vaivén, Alfonsina parece que niega con la cabeza, como diciéndole no a la muerte...

Día 16: Tallerista: el águila descalza, en reemplazo de Josep M. Nuévalos

“Esencia real", de Malvadisco
El verdugo dio varios golpes sin fortuna y el público, chocando cacerolas y vasos de peltre, lo abucheaba por su falta de pericia. En el paroxismo de la agonía, el condenado giró la cabeza como negándose a sufrir más dolor y, como respuesta a sus oraciones, la testa coronada cayó en la canastilla mientras tísicos e impotentes llenaban los recipientes en busca de la cura a sus males con la portentosa sangre de su exrey.

"Tiranía", de Black dot
¡Cómo se acerca a la ventana! Camina con ese estilo de monarca, con el garbo de una fiera. ignora cuando se le nombra o voltea con desdén; como si estudiara poses para ser despótico e indiferente. No se acercará hasta que sienta el deseo de atención, de un cariño que no se merece. Ve como voltea a Un felino en todo el significado de la palabra reconocer y se aleja de la recamara sin emitir un sonido; ninguneándote con la cabeza, la cola en alto e inmóvil. Un felino en todo el significado de la palabra.

Día 17. Tallerista: José Manuel Ortiz Soto
"Congoja". Meminero Tui
Estoy en el parque sentado en el mismo peldaño. Lo vi hace unos dos meses. Llegó con su hijo y su pareja. El agua de breves surtidores caía sobre el niño.
—Sal de ahí que te vas a enfermar —le gritaron sus padres. El pequeño negó con la cabeza y esa fue toda su respuesta. En sus dientes la blancura de días no nacidos. Cuando se iban el menor pasó junto a mí: olía a mazapán.
El chico y la mujer no están hoy. Una amargura descarapela las ojeras del hombre.

Día 18. Tallerista: Carmen Simón
“Rechazo”, de Meminero Tui
—Te regalo la uña de un esmalte, mi disco de la Sonora Silenciosa, esta cana verde recién brotada, tres dientes de leche cuajada, un ronquido de antes del amanecer y de mi yunque, la cerilla —le dije enamorado. Envolví todo en papel protagónico y se lo entregué. Ella solo me lanzó una mirada de tijeras, negó con la respuesta y esa fue toda su cabeza.

“Tiempo de nostalgia”, de Telares
Vuelvo a casa al amanecer. Todo está en una pesada calma. Qué no daría por tener doce años y que mi viejo me regañara a los gritos, levantara su brazo amenazador y coronara aquellos cintazos con la prohibición de salir por un mes. Nada más letal que esta cruel manera de recibirme sentado a la mesa, en silencio, apretando los labios mientras niega imperceptiblemente con la cabeza, los ojos fijos en su esperanza perdida.

“Padre”, de Black Dot
Te veo en la cama, las manos crispadas por la ansiedad, el corazón cansado de batallar. Hay cosas graves pendientes entre nosotros. Me dicen que quizá logres salir de esta, pero la muerte ya ha allanado tu cuerpo. Lo único que nos queda es el final gesto donde tu cabeza se niega a sucumbir y el silencio es la única respuesta a toda mi incertidumbre.


Día 19. Tallerista: Fernando Pérez-Cárdenas
DESIERTO.

Día 20. Tallerista: el águila descalza
"Por toda respuesta", de Telares
La mujer que tejió estas maravillas ya no existe, piensa Regina, mientras acaricia las texturas accidentadas de los paisajes desplegados sobre su falda, y contempla con admiración los precisos diseños en degradé como si los hubiese tramado una extraña.
Regina está, respira, vive, pero quedó muy atrás la destreza de sus manos para urdir esas hazañas. Tampoco su imaginación tiene ya el vuelo para idearlas. Por eso, solo atina a negar con la cabeza cuando la nieta le pregunta: “¿Abuela, me tejerías uno para mí, con la casa de mis padres y de fondo los campos de lino?”
Ante el rechazo la nieta responde “ufa”, y se va. No ve las lágrimas caer sobre los irrepetibles tapices de su abuela.

"Eficiencia", de Black dot

El tipo se colocó el sombrero en la cabeza de modo que le cubriera los ojos. Luego se retiró el cigarrillo de la boca y lo aventó. Lo vio caer como un aeroplano que echaba humo. Paso la mano sobre la pistola para cerciorarse que estaba ahí. La sintió dura y desalmada. Luego vio la foto que le habían dado y aspiro hondo. Se encaminó a las escaleras y ascendió dos pisos. Toco a la puerta con la empuñadura del revolver. El de la foto abrió, pero el del fedora no vio la mirada asustada ni tampoco quiso oír las súplicas del hombre. Hizo su trabajo, certero, como siempre. Luego, viendo desde el portón hacia ambos lados de la calle, salió de ahí en silencio, encendió un cigarro y se perdió entre la noche sin dejar rastro.

Crupier
14 de Enero 2018 / 16:10

MUESTRA DE DICIEMBRE 2017. Hagan juego señores... 14 de Enero 2018 / 16:10
Crupier
         Porra negativa15 de Enero 2018 / 09:05
         Malvadisco
         Mis favoritos16 de Enero 2018 / 05:28
         Patricia Redondo
         Estas son mis favoritas16 de Enero 2018 / 19:06
         Black Dot

 

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