Un masaje de esos que te despejan, que te dejan al desnudo y hacen salir todo lo malo que llevas dentro. Las manos de mi musa eran frías, se notaban distantes y no recorrían cada centímetro de mi piel, sino que trazaba pequeñas rayas, que iban y venían. Y no aún satisfecha, la yema de sus dedos me iban abandonado, solo rozaban.

Aquí hay un problema; o es ella que no me quiere, o soy yo que la amo demasiado.
Giulianna .A.
29 de Noviembre 2016 / 14:22

Deslizando el desafecto 29 de Noviembre 2016 / 14:22
Giulianna .A.

 

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