Deidamea se resistía a aceptarlo, pero llegó el día en que hubo de admitirlo: se había enamorado de su pie. No del propio, sino del de aquel hombre que recién había conocido. Desde el tobillo, su forma, textura y tamaño ejercían sobre ella un embeleso inexplicable, contrario a lo que el carácter y temperamento brusco del guerrero le inspiraban. Tras vanos intentos por descubrir la causa de su obsesión, no lograba alejarlo de su mente y de aquel amor nacería Neoptólemo. Con los años, Aquiles pasaría a ser historia, mientras ella, seducida por esa parte inolvidable, se ha desdibujado entre el tiempo y la leyenda. Su recuerdo daría pie a esta historia.
Elisa A.
30 de Noviembre 2016 / 11:41

Selección del día 1: "Amor irlandés", de Richard Densmore 30 de Noviembre 2016 / 11:37
Elisa A.
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         Elisa A.

 

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