El Señor Presidente –indignado porque se le acusaba de represión, tortura, violaciones, así como de la compra de voluntades a expensas del dinero ilícito de la oligarquía– en una remembranza de cuando fue monaguillo endilgó a sus impugnadores:
—El país está abierto al diálogo, existe libertad de expresión y, ahora sí, como dijo Masiosare: “Bienaventurados los pobres porque desconocen el caviar”.
Después de que lo sepultaran con una lluvia de hondazos hoy yace en un lugar desconocido. La hija –orgullo de su nepotismo–, ante el temor de que el pueblo saciara su sed de venganza, pagó una fortuna al pelotón comandado por su consorte para que lo enterrasen en un lugar inexpugnable. Al terminar la misión su amado esposo ejecutó a los soldados y cuando engreído llegaba al palacete, una bala le atravesó la testa.
Ángela Vicario
06 de Julio 2018 / 15:08

¡Que la nación me lo demande! 06 de Julio 2018 / 15:08
Ángela Vicario
         Comentario11 de Julio 2018 / 04:51
         Daniela Truman

 

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