Era la Nochebuena en la mansión de Lord Jeffrey Archer, quien había recibido días atrás una nota firmada por el famoso Arsenio Lupin afirmando que, en su ausencia durante sus vacaciones en Cancún, robaría esa precisa noche. Requeridos por el noble, Sherlock y Watson estaban agazapados en espera de que el ladrón apareciera para atraparlo, hasta que la caída de hollín desde el tiro de la chimenea les indicó que había llegado. No era él, ni Vicenzo Peruggia o Stéphane Breitwieser; mucho menos Fantomas, Ronnie Briggs o Erik el belga. Era Santa Claus quien, ante sus ojos, sacó los regalos de su costal, platicó con ellos unos minutos mientras Wunorse Openslae, uno de sus elfos, reparaba una avería en su trineo. Al terminar, se despidió afablemente con su característica risa, deseándoles felices pascuas. Nada extraño ocurrió.

Al regreso del noble se realizó un minucioso inventario. Nada faltaba, excepto la valiosa veleta de oro que remataba la chimenea de la solariega casona.
Septentrión
03 de Diciembre 2016 / 02:05

Santa sorpresa 03 de Diciembre 2016 / 02:05
Septentrión

 

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